jueves, 21 de julio de 2011

Capitulo 11


Después de ese encuentro, que preferiría olvidar, llegue a casa. Hubiera dado cualquier cosa para que mi casa fuera normal por un día, pero no, la vida es tan injusta conmigo, que… bueno, mi casa era un caos esa tarde. En la sala del té, se encontraba Sunny llorando, y Marianne tratando de consolarla, teniendo en su rostro un gesto de tristeza y satisfacción al tiempo. Louise no podía ser más extraña, porque no era yo. Camine directo a la sala de estar, donde las mellizas junto con el Coronel Starkey y Lord George, escuchaban algo entretenidos la conversación de mi padre con Lord Fergusson. Todo sería lindo y perfecto, sino fuera porque los cuatro empezaron a reír, cosa que molesto a mi padre e hizo que se retiraran. Sonreí levemente al ver la escena y camine hasta el jardín trasero, donde Sir Paul se encontraba sentado en una de las sillas que miraban hacia el terreno Ferdinand. Me acerque a él y me senté a su lado. Al notar mi presencia, el Sir sonrió y suspiro pesadamente.

-Mi estimada Lady. ¿Cómo le fue en el encuentro con Lennon? – pregunto sin despegar la mirada de un viejo peral del jardín.

-Pudo ser peor, mi querido Sir. – respondí, guiando mi mirada hacia el peral.

-Supongo. Me voy a Londres en unos días.

-¿Y cuándo será su partida?

-Pasado mañana, mi estimada.

-¿Mis hermanas lo saben?

-Sí, y la menor no lo tomo bien, Anna. –

Me sorprendió al escuchar mi nombre sin un prefijo, pero no me molesto. Al notar mi reacción, el Sir se sintió un poco más cómodo y dejo de ver el peral, para ahora dirigir su vista a mí.

-Puedo suponer lo que piensa de mí. No quiero aprovecharme de ninguna de sus hermanas. Mis intensiones con Susan son serias, Anna. Tan serias como las de John con usted.

-No pienso nada de usted, Paul. Y las intensiones de Lennon, es lo que menos me interesa en este momento. Entonces… ¿está interesado en Sunny? –

Sir Paul sonrió levemente y asintió. Si estaba sonrojado, sabía como esconderlo.

-Regresare para la primavera.

-Paul, puede regresar cuando desee. Y puede ser huésped de nosotros. Sabe que mi padre no tendría problemas con eso.

-Lo sé. Gracias Anna. Creo que es hora de retirarme. –

Asentí levemente y los dos dejamos nuestro asiento para regresar a la casa, donde mi madre gritaba para que las mellizas se cambiaran de ropa. El Coronel y Lord George se encontraban en la entrada de la casa, esperando a que Lord Fergusson finalizara su reunión con mi padre, y al notar que yo me acercaba con Sir Paul, sonrieron de forma cómplice entre ellos. Podrá sonar muy salido de mi época y también inapropiado, pero me sentía cómoda estando con ellos. Dos minutos después, Lord Fergusson salió de la sala de estar junto con mi padre, los acompañamos a los coches y ellos partieron a la propiedad Lennon.

Si el día hubiera finalizado normal, habría agradecido eternamente y también ido a la iglesia con gusto. Pero Sunny lloraba, Marianne se comportaba de forma extraña, las mellizas secreteaban entre ellas, mi madre seguía pensando en las bodas de sus hijas y mi padre se encerró en su despacho. Después de eso, no paso nada interesante en casa, ni en el pueblo.

Tres días después de que Sir Paul regresara a Londres, Emilie recibió una carta del Coronel, donde él se excusaba por no poder despedirse de ella y explicándole que había sido llamado nuevamente al ejercito. Michelle en cambio, recibió una corta visita por parte de Lord George, que tenía que regresar a la India por asuntos del gobierno. Lord Fergusson decidió quedarse en Meryton y ser el abogado de mi padre, ayudándolo en un asunto legal con una propiedad que mi padre poseía cerca de York, y que los herederos de los antiguos dueños reclamaban como suya. Cosas de hombres y que no me interesaban, pero disfrutaba de la compañía del Lord en sus tiempos libres.

Sunny, por su parte, fue invitada por la familia Powell a un viaje a Londres, que ella acepto gustosa y que para Marianne, fue un golpe bajo. Sunny partió tres días después de la invitación, con la esperanza de encontrarse con Sir Paul. Marianne lloro dos días seguidos, rogándole a mi padre que la enviara a Londres también; pero él tenía otros planes para nosotras. Debíamos aprender de las propiedades de la familia antes de que finalizara el año.

Y así finalizo el otoño. No volví a reunirme con Lord Winston en secreto, y rara vez visitaba nuestra casa. Admito que extrañaba sus conversaciones, pero mi orgullo podía más que eso. Y lo hacía, evitaba cualquier contacto con Lord John.

“Estimada Victoria:

Hoy caminando por el distrito comercial de Londres con la señorita Cynthia, nos encontramos con Sir Paul McCartney, que caminaba con una joven. Le calculo la edad de las mellizas. Tiene un parecido con Lord John, así que supongo que sería su hermana. No pudimos hablar con ellos ya que iban al otro lado de la calle; además de que es de mal gusto perseguir a la gente. Dale mis saludos y un abrazo a mis padres, y como siempre, te pido que por favor no le des noticias mías a Marianne. No sé como tomaría ella esta noticia. Espero que escribas pronto contándome como van las clases.

-Sunny.”


Sonreí levemente al recibir noticias de Sunny, e inmediatamente escondí la carta; aunque igual, sabía que Marianne las encontraba. Baje y le di la noticia a mi madre y mi padre salió del despacho junto con Lord Fergusson y se retiro, dejándome sola con él.

-¡Victoria! ¡Esta con Paul! – grito Louise diez minutos después de que yo bajara. Suspire y mire la cara de Lord Stewart, que me miraba confundido.

-¿Noticias de Susan? – pregunto algo desanimado, a lo que respondí asintiendo. – Paul escribió hace unos días. Sabe que está allá. También cuida de la pequeña Lennon.

-Lord Fergusson ¿No le molesta esta situación? Digo… mi hermana es tan distraída que…

-No, para nada. Si estamos destinados, algún día ella se dará cuenta y… bueno, ya sabe lo demás.

-Vivimos un cuento, mi querido Lord. –

Stewart asintió y se acerco un poco a mí, mientras yo sonreía levemente pensando lo que acababa de decir. Marianne bajo las escaleras y al vernos cerca, limpio su garganta llamando nuestra atención.

-Por lo menos, déjale en claro las cosas a John, Victoria.

-Lord Fergusson… ¿No le huele a celos?

-Cállate Anna. Y usted, Lord Stewart ¿No tiene otra cosa que hacer, aparte de estar en nuestra casa?

-Marianne…

-No. Anna, no tengo porque aguantar que Susan esté en Londres. No es justo… -

Al finalizar, regreso sus pasos a la habitación, dejándonos a Lord Fergusson y a mi nuevamente solos.

-Creo que pierdo mí tiempo, Anna. Esta más que claro que ella no siente nada por mí. –

Iba a responderle, pero en ese momento mi padre regreso y los dos entraron nuevamente al estudio. Era una situación incómoda, pero sabía que Louise sentía algo por Lord Stewart, y ya sabía cómo hacer que se diera cuenta y a la vez, como vengarme. El juego recién comenzaba y ya estaba interesante. 

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(Entra Anna con ropa moderna.)
Anna: Buenas gente. Sé que tarde mucho en publicar, pero el bichito de la inspiración tardo mucho en picarme y... bueno, también estuve de vacaciones y blablablá... ¡fueron geniales! Espero que les guste el capitulo y...
(Lennon aparece en escena por detras y cubre los ojos de Anna)
John: Tenemos que hablar... ¿Donde estabas y con quien? 
Anna: ¡Gracias por leer!... Vámonos.
(John y Anna salen del blog, él cubriéndole los ojos aun)