martes, 21 de junio de 2011

Capítulo 10.


-¡No me odies Vicky! – fue lo primero que dijo Louise cuando nos quedamos solas en la habitación después de llegar casa – yo lo siento, pero…-a la

- Pero – dije sonriendo comprensivamente – debes de dejar de lanzártele a Sir Paul a cada oportunidad que tienes Louise – dije quitándome los molestos pasadores del cabello.

- Pero…- dijo ella – lo que dije…yo…-

- No te preocupes por eso Marie…- dije ayudándole a desabrocharse el corsé – ya sé cómo me pagarás eso…-

- ¿Ah, sí? – dijo ella girándose

- Si – dije yo tirando de uno de sus rizos – además, no estoy molesta porque sé que lo hiciste para llamar la atención de…-

- ¡Y para que te des cuenta de que Sir John es perfecto para ti! – dijo ella tomando mis manos y poniendo una cara soñadora – te dije que no pensaba que eras una no se qué, él te respeta querida Victoria…-

- Baja ya de tu nube Marianne, - dije soltando mis manos – y deja de decir eso, tienes suerte de que no esté molesta, y que no añada esto a tu lista… -

- Bien – dijo ella mientras se ponía la ropa de dormir - ¿Pero qué es lo que debo hacer? -

- Distraer a mamá, papá, las mellizas y a Sunny durante…no lo sé… ¿una hora y media mañana? – dije sonriendo con satisfacción

- ¡¿Qué?! ¿Mañana? – dijo Louise preocupada

- Me metiste en un enredo, me sacarás de otro – dije subiendo los hombros y poniendo cara de indiferencia

- ¿Y me dirás porque? – dijo ella poniendo una cara de tristeza irresistible, que me hizo odiar el quererla tanto.

- Está bien Louise, pero si vuelves a decir algo, o a sugerirlo, o si quiera delatarme con una mirada, o una risita…- dije seria – revelare que te gustaba el antiguo reverendo, y porque se incendió el salón de los Asher. –

- No hermana, - dijo ella preocupada – por favor…sucede vi a Paul y… -

- Sir Paul para ti –

- Bueno, vi a sir Paul y…no sé que me…-

- Pues debes aprender a controlarte Marianne – dije yo sentándome en mi cama

- ¡Sí! ¡Lo prometo! – dijo ella extendiendo el dedo meñique, y yo junte el mío con el de ella. Después le conté lo de la dichosa reunión en el bosque.

- ¿Crees que te proponga matrimonio? – dijo Marianne saltando

- No lo se Louise…- dije sin ganas de discutir – mejor vayamos a dormir, ¿Si? Además…tienes que pensar en que harás mañana para distraer a todos – y mientras, yo decía esto, ella se acostó y se tapó con las sábanas.

- Si…- dijo ella quedamente, y en unos segundos se durmió. Yo, me giré impresionada por la habilidad que tiene de dormir en donde sea, y cuando sea, y en unos minutos, me uní al sueño.



Al día siguiente, Louise dijo algo en el desayuno que hizo que mi madre se atragantara.



- Padre, he estado practicando en el piano últimamente, un poco más de lo normal, y quisiera pedir tu consentimiento para algo –

- Has practicado bastante Marianne – dijo mi padre – y has mejorado mucho, te escuchamos –

- Gracias padre – dijo ella sonriendo – he pensado, y quisiera participar en el concurso para ingresar en el…-

- ¡Lady Louise Marianne Ferdinand! – dijo mi madre – nuestra principal prioridad es que te cases…y…-

- Pero madre – dijo ella con los ojos de cachorro más grandes que he visto – realmente amo la música. –

- Y eso es….¿qué? ¿Últimamente? – dijo ella – siempre vas de una cosa a la otra…-

- Madre, padre permítanme tocar hoy para ustedes…- dijo ella – algo serio…las cuatro estaciones de Vivaldi, así verán lo mucho que lo amo – dijo dirigiéndome una mirada significativa y yo entendí.

- ¿Por qué no la escuchas padre? – dije yo – además, pasaríamos un rato agradable –

- ¡Sí! Marianne en el piano – dijo Michelle

- ¡Marianne en el conservatorio! – dijo Emilie y ambas aplaudieron

- Pero hijas…no creerán que…- dijo mi madre

- Ella tiene talento…- dijo Sunny que miraba a Marianne – si practica y lo cultiva… -

- Entonces llegaré a ser la mitad de buena de lo que eres tu haciendo retratos Susan – dijo Louise sonriendo

- Bien hijas – dijo mi padre – hoy escucharemos a Marianne.

- ¡Sí! – dijeron las gemelas a coro.

- ¡Niñas! – dijo mi madre



La mañana pasó volando y faltaban 20 minutos para la dichosa reunión y para que Marianne tocara en el piano. Acabábamos de llegar a un cuarto contiguo al salón, que era una pequeña sala para recibir visitas más privadas, o por si el salón estaba ocupado. No podía decir cuál de las dos estaba más nerviosa.



-¿Y cómo saldré? – dije cuando llegamos ahí

- Un mensajero acaba de traer esto – dijo extendiéndome una nota, con su mirada fija, y con un tono que sugería, que eso es lo que debía decir. La nota tenía el puño y letra de la señora Powell, invitándome urgentemente a su casa un par de horas, ya que debía decirme asuntos importantes

- ¿Pero cómo? – dije desconcertada

- Tu confía – dijo Marianne guiñándome el ojo – y ve por tu John –

- Tú mejor, concéntrate en lo que tocarás para papá – dije y ambas nos pegamos a la delgada pared, porque escuchamos la voz de mi padre.



- Pase milord, - dijo la voz de mi padre, ¿Pero qué diantres? – Lady Marianne está a punto de interpretarnos a Vivaldi –



- ¿Vivaldi? – dijo animada la voz que reconocí como de Lord Stewart y quise ahogar una risa cuando Marianne bufó.

- ¿Qué hace aquí? – dijo susurrando molesta

- Es uno de los favoritos de Stewart – dijo la voz que tenía un acento extranjero, que reconocí como de Lord George.

- ¿Y qué tocará? – dijo una voz que no logré identificar

- Las cuatro estaciones – dijo mi madre

- Pero eso dura…-

- Mucho, si…- dijo mi madre, pero se ha metido en la cabeza que quiere tocar en Londres….-

No seguimos escuchando, porque salimos por la puerta detrás del salón y fuimos a la cocina, para fingir que acababa de arribar la nota. Entramos al salón donde estaban, y vi a Lord Fergusson, Lord Richard y Lord George; junto con mis padres. Mi madre estaba muy feliz y ocupada como para prestarme demasiada atención cuando dije:



- Madre, llegó esto - y ella alargó el brazo para leer la nota

- Vaya…- dijo ella – deberías ir con ella ahora mismo Anna… es una lástima – terminó alzando la vista del papel, y yo asentí. Cuando salí me crucé con las mellizas que se asomaban felices, y ya se habían cambiado.

- ¿Está el coronel? –

- ¿Está Lord George? – dijeron al mismo tiempo

- Elegantes y apuestos – dije sonriendo y ellas corrieron al salón.

- Ten cuidado Anna, - me dijo Sunny sonriendo casi cuando salía por la puerta.

- Gracias Susan – dije saliendo por la puerta principal



Llegué rápidamente al angosto trecho que no tenía cerca para ir al patio de atrás y comencé a caminar entre el pasto, que después, se fueron convirtiendo en árboles cada vez más espesos. ¡Benditos vestidos victorianos, para lo que servían!

Llegué al lugar que separaba la propiedad de mi padre, con la de sir Paul, puedo reconocerla por los dos descomunalmente enormes pinos que están casi juntos, y sus raíces casi llegan a tocarse, pero no lo hacen. Cada uno en uno de los terrenos de las respectivas familias.

Me acerqué a uno de los pinos, el que estaba en “nuestro lado”, y entonces lo vi. La luz del sol llegaba detrás de él. Su cabello rubio oscuro, generalmente cubierto por su sombrero, ahora tenía un resplandor alrededor de él, provocado por el efecto de la luz. Al sentirme sola, y verlo acercarse, mi corazón comenzó a palpitar más rápido de lo normal, alocado y me hacía saber cada latido, subiendo el volumen.

Lord Winston se veía más cerca y pude apreciar sus ojos claros, y su sonrisa cínica, ¿Porqué tenía que hacerlo tan lento?, ¿Por qué me parecía eterno que tardara unos metros en acercarse? Una molesta voz, me dijo que fuera a su encuentro. Pero Lady Anna Victoria no iría a su encuentro. El debía llegar aquí.

Lord Winston se recargó en el pino.

- Mi Lady – dijo haciendo una exagerada reverencia.

- Mi Lord – dije imitándolo

- Sabía que no faltarías a tu promesa, Victoria – dijo acercándose e instintivamente me moví hacia atrás.

¿Es que todas las Annas dentro de mi no podían ponerse de acuerdo? Tomé una rama del pino y comencé a buscar con ella y con sus hojas.

- ¿La arrancarás? – dijo el observándome

- No - dije yo soltándola y mirándolo

- ¿Por qué estás tan nerviosa Victoria? –

- No estoy nerviosa, y ya le he dicho que no me hable así –

- ¿Así como? – dijo el acercándose de nuevo, y entonces yo me moví a mi derecha, aún pegada al árbol.

- Con tanta familiaridad milord –

- Creí que ya habíamos aclarado eso – dijo el acercándose de nuevo y yo me moví de nuevo a la derecha, pero él siguió caminando también, entonces, yo también seguí y comenzamos a rodear el árbol.

- Anna, ¿podrías dejar de hacer eso? –

- ¿Qué? – dije aún caminando, pero no lo escuché más. Me detuve porque me preguntaba dónde estaría, y vino por el lado hacía donde yo estaba caminando. Al tomarme por sorpresa, no tuve tiempo de reaccionar y me vi atrapada entre el grueso tronco y sus brazos.

- ¿Qué es lo que quiere milord? – dije - ¿Porqué estoy aquí? –

- Sólo quiero saber si usted tiene el remedio para lo que me pasa…-

- ¿El remedio mi Lord? – dije mirándolo extrañada

- ¡A lo que me ha hecho! ¿Qué me has hecho Anna? – dijo el mirándome con sus brillantes ojos, de los que yo no podía apartar mirada, aunque así lo quería. Al igual que quería salir huyendo de ahí, y correr como nunca lo había hecho antes. Pero, mis pies parecían clavados entre esas raíces, mis piernas parecían tallos de lirios, que en cualquier momento se doblarían, y sin embargo, estaban allí, estáticas.



Lord John puso una mano en mi mejilla, y sentí de nuevo mi corazón, desbordado, intentando avisarle a él, a todo el mundo, que estaba allí. La sangre comenzó a subir por mis venas, y pronto, mis mejillas estuvieron de un color escarlata.



Winston sonrió complacido. Yo me molesté. Anna Victoria Ferdinand no es débil, y no lo ha sido nunca. Giré mi rostro hacia el lado, perdiendo el contacto con su mirada y con su mano. El rubor desapareció, al igual que los nervios.



- Eres hermosa y glacial como el invierno - dijo la voz de John - fuerte, decidida. Pero, también es suave y protector, con un manto de blancura. Las noches del invierno son las más hermosas, y cuando se ven las constelaciones más maravillosas. - No sé cuando fue el momento cuando lo miré de nuevo, al escuchar lo que decía - Aún la aurora boreal, sólo se puede ver una vez al año, en la cima del cielo, allá en el fin del mundo....-



¿Sería cierto lo que él decía?

¿Sería yo tan fría?

Sus palabras me extasiaban y me dolían al mismo tiempo.



- Muchos dirán que eso es malo, tanto hielo, pero el invierno también tiene los fuegos más intensos, esperando por prender y dar una calidez como no hay otra, ¿Será el invierno un pretexto de la naturaleza para intentar acercarnos más? , ¿Para recordarnos que estamos vivos?- Bajé mi mirada, rompiendo una vez más el contacto que tenía con sus ojos – Tu tienes ese fuego dentro de ti, Anna en tus ojos - dijo él, y subí mi mirada de nuevo.

John me miraba intensamente al decir esto, y entonces caí en la cuenta de que mi cuerpo temblaba, ¿Tendría la misma expresión que él?



Una ardilla bajó del pino, y se fue corriendo rápido, adentrándome de nuevo en el mundo, que seguía su curso. ¿Cuánto tiempo llevábamos ahí? El sol se había movido de donde estaba cuando hubiera llegado.

- ¿Qué es lo que quieres? – dije sin poder hablarle de usted

- Sólo quería verla miladi – dijo el separándose de mi – es libre –



Con estas dos palabras, mis pies recobraron su movilidad, pero mis piernas eran gelatina, así que tropecé, y para mi gran suerte, el me sostuvo entre sus brazos.



- Debe tener más cuidado miladi – dijo el volviendo a su tono burlón y petulante. Me incorporé molesta.

- Lo intentaré – dije sacudiendo mi vestido – ahora milord, -- dije haciendo una reverencia – mi familia me espera – me giré sin esperar su respuesta, y salí de allí a zancadas.



Invierno, hermosa y fría…Lord Winston realmente me había sorprendido, ¿Le diría lo mismo a todas las mujeres en Londres? Algo me decía que no. Sonreí pensando en esto mientras cruzaba el corto estrecho que no está cercado en nuestro jardín.
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Bueno....Annie esta de vacaciones.....ehm....no tengo ganas de escribir una firma graciosa....espero que les guste! Las quiero mucho! Gracias por leer...!! n.n

jueves, 9 de junio de 2011

Capitulo 9


¿Hay algo mas fastidioso que mi madre buscando vestidos elegantes en nuestros armarios para la cena? Si, probarnos esos vestidos para darle gusto.

Ese fue el plan del resto de día, y cuando llego la hora de la cena, habíamos sacado tantos vestidos que no le dio importancia lo que llevábamos para cenar.

Después de la cena, nos sentamos en la sala de estar para leer y escuchar a Marianne en el piano. Desde la vez que había tocado para los Lord y el Sir, había mejorado notoriamente, cosa que me sorprendió, ya que para ella era solo un hobbie. Mi padre fue el primero en retirarse de la sala de estar, seguido por Sunny y las gemelas. Mi madre se quedo dormida en el sillón y tuve que despertarla y acompañarla hasta su habitación.

Cuando llegue a mi habitación, Marianne cepillaba su cabello y tarareaba la canción que estuvo tocando en la sala de estar. Sonreí levemente y me cambie de ropa a mi pijama. Louise volteo a verme y sonrió igual.

- Lord John ha sido amable con cubrir nuestra travesura.

- Dios, Marianne… ahora de debo un “favor”

- ¿Qué ira a pedirte?

- A saber, pero espero que no sea nada pasado. No permitiré eso.

- ¿Te cepillo el cabello?

- Sería un honor, Lady Louise Marianne. –

Me senté en la cama de Louise y ella se acomodo detrás de mí y empezó a cepillar mi enredado cabello. Parecía que adivinaba cuando lo tenía asi, y disfrutaba jalarlo. Después de desenredarlo, estuvo quieta por unos cinco minutos y después suspiro. Como estábamos frente al espejo, vi su expresión en el reflejo y luego voltee a verla a los ojos.

- Louise, sabes que…

- Lo sé. Pero… es una niña.

- ¿Y?... es como si yo me interesara en Lord George o Lord Stewart.

- Oh hermana, bien puedes con Lord Fergusson, me fastidia la presencia de ese hombre.

- Claro, eso ni tú lo crees.

- Es verdad, y ahora, déjame terminar con tu cabello. –

Asentí levemente y volví a acomodarme como estaba antes. Louise siguió cepillando mi cabello y no sé por qué razón, sonreí al recordar el beso entre Lord John y yo. Me cubrí el rostro con ambas manos debido a que me sonroje, cosa que desconcertó a Louise, que nuevamente dejo de cepillarme el cabello y que cuando descubrí mi rostro, estaba frente a mí con las manos en su cintura.

- Me cuentas ahora en que pensabas.

- No, ¿Me crees tonta?

- O sea, ¿pasó algo y yo no sé?

- Vamos a dormir mejor…

- Lady Anna Victoria Ferdinand, Vizcondesa de Wilton, exijo que me cuentes que hizo que reaccionaras asi. –

Mi hermana podía ser tan decidida que, preferí contarle a ella antes de que llamara a las gemelas para sacarme información.

- Solo si prometes no decirle a nadie. Ni a las gemelas. Mucho menos a Susan.

- Trato. –

Señale una silla, que acerco hasta su cama y se sentó en ella. Tome aire y volví a sonreír cuando el recuerdo del beso volvió a mi mente.

- ¿Recuerdas la fiesta?

- Claro, fue ayer.

- ¿Recuerdas que me perdí?

- Claro, fue el tema familiar en esa fiesta.

- ¿Recuerdas que estuve en la sala de música de Sir Paul?

- Ahm, eso no me consta. Fue algo que dijiste, y que Lord John afirmo. Y se me hace raro porque…

- Porque no estuve en dicha sala de música, y ni sé si existe.

- Entiendo. ¿Qué hicieron? –

¿Por qué mi hermana tenía que conocerme tanto? Eso pasa cuando le das tanta confianza a alguien.

- El contemplo una tonta botella de whiskey casi una hora y luegomeibaaretirarperoélnodejoquelohicieraasiquemearrinconoenelsofáyluegomebeso. –

Louise al escucharme hablar tan rápido, inclino su cabeza confundida, pero con la última palabra, casi grita.

- ¿Y qué tal?

- Pues… no sé. ¿Normal?

- ¿Besaste a un chico y se te hizo normal?

- Pues sí. Nada del otro mundo. Es más, ni entiendo porque la reina lo hace ver como algo malo. –

Si no fuera mi hermana, me hubiera arrestado, encerrado, y decapitado por hablar asi de la reina, pero como es Louise, simplemente asintió y luego cruzo los brazos.



- Entonces, ese fue tu plan en la fiesta.

- No tanto asi, fue lo que resulto… pero, me preocupa que ahora el Lord ese me tome por quien sabe quién.

- Eso, mi querida Victoria, es algo imposible. Se nota que Lord John te respeta.

- Eso espero. O lo hare ver como accidente de caza, jardinería, o lectura. Ahora, jovencita, a dormir. Tienen clases de francés mañana y luego mi madre nos tendrá arreglándonos para la dichosa cena de Sir Paul. –

Louise dejo la silla en su lugar y las dos nos acostamos en nuestras camas en total silencio. Ahm… nos dormimos hasta que la luz del sol llegaba a nuestros parpados, las gemelas, Sunny y Louise se preparaban para su clase de francés y yo salí al jardín para dibujar lo que fuera, luego la maestra de francés se retiro de la casa al finalizar la clase, las gemelas me acompañaron al pueblo para comprar un sombrero que quería usar en la cena, luego regresamos y mi madre estaba histérica porque no estábamos arreglándonos para la cena, mi padre estaba en el despacho, pero no pude ir porque mi madre me obligo entra a la bañera y… fue un desastre.

Iba en el carruaje junto con mi padre, mi madre y Louise. Mirábamos el paisaje del trayecto hasta la casa de Sir Paul. Bah, eran diez minutos en carruaje, asi que me daba igual. En el otro carruaje, las gemelas y Sunny discutían por quien iba con el mejor vestido de la noche y sobre quienes estarían en la cena.



Al llegar a la residencia McCartney, el Sir, junto con los Lord y el Coronel y dos personas nuevas nos esperaban en la entrada de la casa. Mi padre fue el primero en bajar y se acerco a los caballeros para saludarlos. Luego mi madre, Louise y yo bajamos, y las menores tuvieron que esperar a que mi padre las llamara.

Después de ser presentados todos con todos, entramos a la casa y esperamos en la sala de estar a que el mayordomo nos llamo para pasar al comedor.

Era gigante. Me sorprendió ver una mesa tan grande, y no pude evitar cuantos arboles murieron para cumplir el capricho de Sir Paul. Suspire y tome asiento donde el mayordomo me indico. Frente al abuelo de Paul. Sonreí levemente cuando el se sentó frente a mí y luego tomo el tenedor y el cuchillo y espero a que los sirvientes de la casa empezaran a servir.



- Y dígame, señorita Ferdinand – empezó a hablar el abuelo de Paul mientras me miraba – ¿Está usted comprometida?

- No señor. Aun no, y dudo estarlo en mucho tiempo. – respondí mirándolo a los ojos, parecidos a los de su nieto.

- ¿Y no le gusta ninguno de los jóvenes aquí presentes? – volvió a preguntar. Casi escupo lo que comía en ese momento.

- La verdad, Señor, no, no me gusta ninguno.

El abuelo McCartney miro ahora a Louise, que me miraba mientras ahogaba la risa.

- Y usted señorita, ¿Le gusta mi nieto? – Louise volteo a mirar al abuelo, cosa que él hizo que sonriera.

- No señor. – respondió ella secamente y regreso sus ojos al plato de comida, tratando de no sonrojarse.

Parecía divertirse, asi que siguió con las preguntas a Michelle, que coqueteaba con Lord George con solo la mirada.

- Lord George, ¿Pedirá la mano de la chica? – pregunto animado, cosa que hizo que mi madre sonriera triunfante y que mi padre se golpeara la frente con la palma de la mano.

- Señor, la señorita aun no está en edad de casarse.

- Es una pena. Se nota que ustedes dos se gustan. – Michelle al escuchar me miro pidiendo ayuda, pero yo simplemente levante mis hombros y seguí con mi comida.

- ¿Abuelo, puedes dejar a las jóvenes cenar tranquilas? – interrumpió Paul para alivio de todos los presentes. El abuelo asintió y regreso a su comida, que comió gustoso.

La cena finalizo sin más preguntas del Abuelo McCartney, cosa que agradecí en lo más profundo de mí ser. Lord John nos invito al salón de té para… tomar té y hablar.

De nuevo, sentadas en esa sala, mirando el decorado y escuchar a mi padre hablar con el tío y el abuelo de Sir Paul sobre como la reina dirigía al reino. Blablablá. Mientras tomaba mi té, analizaba la expresión de los presentes. Sir Paul bostezaba disimuladamente, Lord Stewart miraba a Louise, que miraba a John, que sonreía con las expresiones de las gemelas, que se quedaban dormidas, a las que también el Coronel Starkey y Lord George miraban y sonreían mientras Sunny suspiraba mientras miraba a Sir Paul. Fue cuando mi madre nos miro y se acerco a mí.

- Anna, llévalas antes de que se duerman. Y no se separen, no está bien visto que una Lady este sola con un hombre.

- ¿Un hombre, madre?

- Los Lord, el Sir y el Coronel las seguirán. –

Antes de que yo respondiera, todos, a excepción del los familiares del Sir y mi padre, se levantaron de su puesto, obedeciendo la orden que mi madre hacia con las manos, y salieron del salón del té. Lord John me esperaba en la puerta. Suspire y salí de la sala seguida de él.

- Oh Sir Paul, ¿Podemos conocer el salón de música? – pregunto Emilie animada.

- Claro, síganme. –

Si, existía el salón de música. Mi hermana era muy oportuna. Caminamos detrás del Sir hasta llegar a una puerta al final del pasillo principal. Era un salón con decorados dorados y rojos, donde había un arpa, un chelo, un contrabajo, dos violines, un piano de cola, y una guitarra española. Las gemelas tomaron de la mano a Lord George y al Coronel Richard mientras nos miraban a los demás.

- Música… - dijo impaciente Michelle.

Sonreí y me senté en una silla que había entre los violines. Tome uno y me prepare para tocarlo (Si, soy una virtuosa.) Sir Paul tomo la guitarra española, Lord John se sentó en otra silla con el violín extra, Louise en el piano y Lord Fergusson con el contrabajo, aunque no sabía tocarlo muy bien.

Louise inicio con una melodía, que seguimos todos mientras que Michelle y Emilie bailaban con Lord Harold y el Coronel Starkey.

Después de dos pistas, nos detuvimos. Las gemelas nos miraron nuevamente algo molestas.

- Lord John, dígame algo – esa era Louise, que sonreía de forma traviesa. – ¿Usted ve bien que la gente se bese? –

Todos miraron a Louise algo confundidos, menos yo, que estaba avergonzada.

- No veo mal que la gente exprese lo que siente, Lady Marianne. –

Louise sonrió con la respuesta de Lord John y dirigió su mirada a Sir Paul. Las gemelas, junto con el Coronel y Lord George, se sentaron cerca de Louise, interesados con lo que venía.

- Sir Paul. ¿Usted besaría a alguna de las presentes? –

Sunny, escandalizada con la pregunta, iba a interrumpir, pero una leve risa por parte de Sir Paul le impidió hacerlo.

- La pregunta que usted me hace esta mal enfocada, Lady Marianne. – respondió el Sir, provocando el sonrojo por parte de Marianne y Susan.

- Yo – interrumpí – opino que un beso es una forma humilde de expresar los sentimientos. Eso sí, no falta quien tome eso como algo pasado de tono.

- Que hermosa respuesta, Lady Victoria. – dijo Lord Fergusson y yo asentí.

- Yo opino que un beso es la forma más bonita que las personas expresan su amor. Claro, eso hasta que se casen. – agrego Michelle, lo que provoco la risa de los caballeros.

- Se nota que saben del tema. – dijo en voz baja Lord John, cosa que solo yo escuche.

- ¿Por qué las preguntas, Lady Marianne? – pregunto el Coronel algo confundido, pero a la vez divertido por la escena.

- Ahm, por algo que me entere. – respondió Marianne y yo volví a sonrojarme. – pero, Sir Paul, no me respondió la pregunta.

- No lo haría, sin el consentimiento de la chica a la que besaría. –

Hubo un breve silencio, que fue interrumpido por Emilie.

- Annie… ¿Tú has besado a alguien?

- ¡Dios, Emilie!, ¿que son esas preguntas? – dijo escandalizada Susan.

- Por favor Sunny, es algo normal.

- Louise, deja de darle razón en todo a las gemelas.

- ¿Lo hiciste? – pregunto ahora Michelle.

La mirada de todos se dirigieron a mí. No me sonroje, porque no podía hacerlo más de lo que ya estaba. Sin querer, asentí, cosa que hizo gritar a mis tres hermanas menores.

- Y supongo que fue con… - dijo Emilie, dirigiendo la mirada a Lord John, que sorprendido, asintió.

- Pero piérdanse una. – dije algo incomoda, dispuesta a huir. Pero la voz de la razón y el orgullo me ordeno a quedarme en ese salón, pasara lo que pasara.

Louise sonrió victoriosa. Yo simplemente la mire y sonreí igual. La venganza es un plato que se sirve frio, y con ella, sería más que un simple plato. Seria litros y litros de helado.

- ¿Algo más? – pregunto incomoda Sunny, que me reprochaba con la mirada.

- ¡Besémonos! – gritaron las gemelas emocionadas, acercándose a Lord George y al Coronel Richard.

- ¡Quietas ustedes dos! – grite, provocando un brinco por parte de ellas.

- Creo que es hora de retirarnos. – dijo Louise, haciendo que los caballeros se levantaran de sus puestos.

- Yo igual, fue muy grata su compañía. – expresó Lord Fergusson, a lo que Louise respondió con una gesto de fastidio disimulado.

- Las acompañamos a la sala con sus padres. – dijo Sir Paul.



Todos salieron del salón de música, menos Lord John y yo. Cerró la puerta antes de que saliéramos y sonrió levemente.

- Su hermana da buenos apuntes, Lady Victoria.

- Lord Winston… mi hermana es una pequeña chismosa. Aunque, la comprendo, nunca había pasado algo asi en nuestra casa.

- Entonces, puedo deducir que…

- No deduzca, es obvio. –

Lord John me miro divertido y asintió. Me estaba gustando cada vez más, pero… soy yo, y nunca lo iba a admitir.

- Me debe un favor, Lady Victoria.

- ¿Qué va a pedir?

- Mañana, después del medio día, en el bosque, espero encontrarla.

- ¿Y por que iría…?

- Porque, mi Lady, es algo que su orgullo la obligara hacer. Noble que se respete, no queda debiendo favores.

- Entonces, nos vemos después del medio día mañana, mi Lord –

Hice una leve reverencia por solo respeto y salí casi corriendo del salón. Mis padres nos esperaban en los carruajes y yo solo sonreí. Subí, los choferes iniciaron con el recorrido, y yo maldije mentalmente a Lord Winston.

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(Entra John y Stewart a escena)
Stu: John... Me siento incomodo.
John: Lo sé. Llevamos mucho tiempo con esta ropa.
Stu: Y bueno... entonces la besaste.
John: Eso, mi querido Stu, es algo obvio... y parece que a ella le gusto.
Stu: Si yo hiciera eso con Lady Marianne...
John: Serias tío toda la vida.
Stu: Auch... ya sera. Estoy seguro de eso, John.
John: Ahora, vamos a reunirnos con Henry, James y Harold, que planearan que hacer para invitarlas de nuevo.
Stu: Esta bien, vamos.
(Salen del blog y entra Emilie)
Emilie: Uhh... ya veo... ¿El Duque y Marianne? esto tiene que saberlo Michelle
(Sale Emilie corriendo del blog, a dirección contraria de los lords.)