miércoles, 25 de mayo de 2011

Capitulo 8.


Era la madrugada del domingo cuando llegamos a mi casa, mi madre nos mando a dormir a todas inmediatamente, ya que debíamos ir a la iglesia. Claro que eso era imposible de pedir a las mellizas que comenzaron a saltar en sus camas. Sunny estaba muy callada pero la sonrisa no se le borraba del rostro, Marianne…ella estaba muy seria, lo que era muy raro, y yo…bueno, yo sobreviviré.

Entramos a nuestra habitación.

- ¿La pasaste bien Louise? – dije sonriendo

- Claro…- dijo secamente y se sentó en su cama. Garabateó unas pocas palabras y dejó el diario de nuevo en su lugar. Esto si que era extraño. Se puso su pijama y se metió en la cama, todo en menos de 5 minutos.

- Descansa Annie…- dijo y no hablo más. Yo moría de sed, y entonces abrí la puerta para bajar por un poco de agua.

Cuando salí al pasillo vi a Sunny con una vela y su diario, sentada fuera de su cuarto.

- ¿Sunny? – le pregunte y ella me miró y se sonrojó.

- Michelle y…Emilie, no me dejaban escribir – dijo disculpándose con una sonrisa.

- Bien, yo iré por un poco de agua – dije, ella asintió y volvió a su escrito.

Volví a la habitación y vi el diario de Marianne, había dejado la pluma en la pagina donde había escrito, entonces, la curiosidad me invadió, ¿Qué querían que hiciera? Leí la frase que escribió y comencé a reír.

“16 de julio

¡Odio a Lord Stewart Fergusson Víctor Sutcliffe!”

Parecía que había impreso más coraje con cada palabra que escribía. Algo había pasado y tenía que averiguarlo. Pensando en esto, escribí de lo ocurrido, y de mi hermoso plan de venganza, del cual hablaré después. El sueño me venció y me dormí.

Me despertó un…¿piano? ¡Si, Chopan sonaba en nuestra casa, acompañado de un grito de mi madre.

- ¡Emilie! –

- ¡Es domingo madre, debemos ir a la iglesia – dijo Emilie aún tocando, asi despertó a toda la familia

- ¿Qué haré con estas niñas…? – decía mi madre, gire la cabeza y pude ver a Marianne lista, lo que era muy raro.

- ¿Te levantaste? – pregunte observándola

- Bueno, ayer me acosté en cuanto pude, así que estoy fresca – y después me quito las cobijas – anda, ven a que te ayude.

Terminamos de arreglarnos y toda la familia fue a la iglesia, el pastor se puso a hablar acerca de el papel de la mujer en la sociedad: Como esposa, como madre, como hija…todo era normal, y monótono, hasta que por la puerta entraron nuestros cinco jóvenes favoritos, claro que yo no me percaté de esto porque Marianne y yo observábamos cabecear con satisfacción a Jane Asher. Así que Heather me propinó un codazo, mientras que Sunny sacudía la mano de Marianne para que volteáramos. Los cinco entraron, y avergonzados por llegar tarde, (claro, todos menos Lord Lennon que se portaba como si todos deberíamos agradecerle por estar allí, y llegar tarde) se sentaron detrás.

El pastor no se inmutó y continuó con su discurso. Pero todas las mujeres, ya fueran chicas atraídas, madres expectantes, o simplemente señoras buscando la novedad, o saber de lo que todas hablaban, dejaron de concentrarse. Vi la expresión de Lennon, parecía que todo eso le gustaba, ser el nuevo centro de atención…la novedad en Meryton…el…

- ¡Annie, por fin se durmió! – susurró feliz mi hermana

- ¿Y porque no miras hacia atrás como todas Louise? – dije, ya que era raro que Louise no estuviese buscando la mirada de Sir Paul –

- Porque no tengo ganas de ver a Lord Engreído – dijo ella mirando aún al frente –…y Paul mira a Sunny – volteé y era cierto Paul miraba con una sonrisa a Sunny, y esta se la devolvía – pero es pequeña, ¿no? – prosiguió Marianne – es decir… -

- Y la mujer, debe en todo obedecer a su marido…- decía el ministro y Marianne fingió escucharlo, ya que mi madre nos miró severamente.

- Sir Paul, Marianne…- dije corrigiendo el que ella lo llamara solo por su nombre, además de que estábamos en un lugar público - , y Susan se presenta a sociedad en diciembre. –

- Lo se…- dijo ella – será una linda fiesta. –

Suerte que la reunión terminó pronto. El ministro nos despidió y fuimos a casa, mis padres fueron a resolver unos asuntos después de comer y las cinco hermanas nos quedamos solas en casa.

- ¿Y ahora? – dijo Sunny quien estaba sentada en uno de los sillones de la sala

- ¡Una excursión a la vieja casa de los rosales! – dijo Michelle sonriendo

- ¡Si! – dijeron Emilie y Sunny al mismo tiempo

- No lo se…- dije temiendo que alguno se apareciera por allí

- ¡Oh, vamos! – dijo Emilie suplicante – quiza sea la última vez… -

- ¡Esta bien! – dije y Marianne sonrió

- ¡Iré por el saco! – dijo corriendo escaleras arriba

Salimos de la casa, y nos dirigimos a la vieja casa de las rosas. Tenía un vestíbulo que nos agradaba mucho. Entramos por una de las grandes ventanas, que estaba abierta.

- ¿Y bien? ¿Qué representaremos ahora? – dijo sonriendo Michelle

- ¡Hamlet! – dije emocionada

- ¡Romeo y Julieta! – dijeron Marianne y Emilie al mismo tiempo

- ¡El mercader de Londres! – dijo Sunny

- Bueno, hagamos papeles – dijo sonriendo Michelle, y Sunny escogerá el papel. Todas lo hicimos y los pusimos en el sombrero de Emilie.

- Romeo y Julieta – dijo Sunny leyendo el papel que había sacado.

- ¡Bien! – dijeron Marianne y Emilie –

- Bueno, repartamos los papeles – dije

- ¡Pido a Romeo! – dijo Marianne casi gritando

- Haremos un sorteo Louise…- dije riendo – así será justo.

- Bien – dijo ella riendo

Así que metí los personajes en el sombrero y comenzó Emilie a sacar papel.

- ¡Seré…Capuleto, madre y fraile! - dijo sonriendo

Michelle, que estaba impaciente, sacó el próximo.

- ¡Seré nana, Capuleto…y el boticario!, pero si yo quería ser Julieta…-

- ¡Veamos….Annie! – dijo Louise sonriendo y pasándome el sombrero –

- Bien…- dije tomando el papel y desdoblándolo - ¡No! ¿Julieta? – dije mirando el papel – Ahh…-

Marianne tomó emocionada el sombrero, sólo quedaban dos posibilidades, y la que ella quería era una de esas.

- Mercucio…- dijo mirando resignada el papel, - bueno, al menos moriré trágicamente – dijo y todas reímos por eso

- Lo que quiere decir que…- dijo Emilie mirando a Susan - ..eres Romeo…-

- ¿Romeo? – dijo ella – pero…es un chico –

- Si…- dijo Michelle - ¿y?-

- Pero es una vergüenza…- dijo Sunny – no quiero…-

- Fue un sorteo Sunny – dijo Marianne mirándola suplicante -

- ¡No quiero! – dijo ella – es más, me regreso a casa. –

- Bien…- dijo Emilie – pero es la ultima vez que estaremos aquí –

- Ya les dije que la casa es muy ostentosa – dijo Sunny mientras salía – no me gusta. Las veré después. –

Emilie hizo por detenerla, pero la detuve.

- Deja que se vaya, ella no quiere…- dije

- ¿Entonces puedo ser Romeo? – dijo feliz Marianne

- Si Marie…puedes ser Romeo – dije riendo

- ¡Si!! –

Sir Paul, junto con Lord John que quería mostrarles la casa a Lord Stewart, Lord Richard y Lord George, quienes no la habían visto, estaban viendo la entrada. Stewart examinaba unas herrerías cuando escucho una voz.

- ¡SI!! – escucho débilmente

- ¿Lady Louise? – pregunto extrañando mirando hacia el origen del sonido, ¿Sería posible que estuviera allí? Lord John también miraba hacia el mismo punto, así que sigilosamente abrieron la puerta, y escaleras abajo vieron algo que los dejó sorprendidos.

Lady Anna se batía a duelo de espadas con Lady Emilie y Lady Michelle.

- Louise, se supone que soy Julieta – dijo ella mientras chocaba lo que usaban para mover el fuego de la chimenea con un arma similar de Michelle –

- ¡Pero nos faltó Benvolio! – dijo Michelle

- Esta bien – dijo Anna - Lo que hago es apaciguar; torna tu espada a la vaina, o sírvete de ella para ayudarme a separar a esta gente.

- ¡Qué! ¡Desnudo el acero y hablas de paz! Odio esa palabra como odio al infierno, a todos los Montesco y a ti? Defiéndete, cobarde! – dijo Emilie y las tres peleaban
 

- ¡El príncipe ha llegado! – dijo Marianne con voz grave – y deja una advertencia a todos aquellos que vuelvan a pelear en las calles. –

Entonces, Emilie y Michelle, salieron y Anna se quedo, mientras Marianne entraba.

- ¿Qué es lo que hacen? – dijo curioso Richard observándolas

- Romeo y Julieta…- dijo sonriendo Stewart

Las chicas desarrollaban algunas escenas al azar, donde terminaron cambiando de personajes pero no dejaban a Anna abandonar su papel de Julieta, y los Lords y Sir las miraban muy felices, Sir Paul se preguntaba donde estaría la hermana menor. Era muy probable que ella no quisiera seguir las ideas de sus hermanas, y por lo mismo el se imaginaba que ella, no habría ido.

En ese mismo momento la madre, que había olvidado un documento entró a la casa y vio a Sunny.

- ¿Susan? – dijo confundida – Creí que fueron a comprar listones –

- Si…- dijo ella

- ¿Y las demás? – dijo su madre buscando indicios de sus hermanas, pero no encontraba.

- Bueno, estábamos comprando listones y…- dijo Sunny mirando el suelo

- ¿Dónde están Susan? – dijo de una forma molesta y alzando la voz

- En la vieja casa de los rosales…- dijo ella asustada

- ¡Julieta! - decía Michelle

- ¡Ya voy haya! – dijo Anna mirando hacia atrás - Dulce Montesco, sé fiel. Aguarda un minuto más, voy a volver. –

- ¡Oh, dichosa, dichosa noche! Como es de noche temo que todo esto sea un sino un sueño: dulce, halagador a lo sumo para ser real…- dijo Marianne, pero entonces se escucharon golpes en la puerta. Ellas, rápidamente pusieron algunas cosas en su lugar y guardaron las cosas en un saco que se puso Anna atrás.

Sabía que algo así pasaría…esto no esta bien, podían ser ellos, ¿Y que diríamos? Subimos rápidamente las escaleras, y casi me voy hacia atrás cuando vi a Lord John sonriéndome socarronamente.



- Son ustedes muy interesantes, Lady Victoria…-



La puerta volvió a sonar y Lord Richard fue a abrirle a la sorprendida Condesa de Wilton.



- Mi Lady, - dijo haciendo una reverencia –

- Mostrábamos a sus hijas la casa – dijo Lord Stewart

- Ellas dijeron que no vendrían sin usted – dijo John mirándome, en realidad no podía creer que estuvieran diciendo eso – pero, nosotros insistimos demasiado – En eso, Sunny se asomó por la puerta y Paul la miró con una sonrisa, por lo que ella, sonrió, se sonrojo y miro hacia abajo.


Mi madre, quien estaba aliviada, feliz y abrumada, no supo que decir.

- Y queríamos invitarlos mañana – dijo Paul aún sosteniendo su mirada en Sunny, lo que molestó a Marianne – a toda la familia, a una cena. Mi tío y mi abuelo vendrán a Meryton, y quisiéramos que estuvieran presentes. –

- Por supuesto Sir – dijo mi madre que, casi explota de la felicidad – bueno hijas, debemos irnos – dijo mi madre, convencida de que todas tendríamos un matrimonio muy bueno. – caballeros – dijo inclinándose.

- Me debe un favor, Victoria – dijo Lennon quedamente –

- Hasta luego mi Lord – dije intentando que mi enojo no se expresara en palabras.

___________________________________

(Entra Anna con palomitas)
 Anna: Marianne...¡Apurate! 
(Entra Marianne con te helado en 2 vasos)
Marianne: ¡Ya voy! 
Anna: ¡Hola gente! 
Marianne: ¡Hola!
Anna: Hoy veremos un filme...
Marianne: Oh, Romeo...Romeo...
(Entran John y Stewart)
John: ¿Que es eso mi Lady? (dice señalando las palomitas)
Stuart: ¿Porque estan vestidas asi? 
Marianne: ¿Porque no se pierde por ahi mi Lord....?
Anna: ¡Marianne!
Stuart: No importa, un dia aceptara que me ama
Anna: jajaja, y yo amo a John
John: ¡Lo dijo! ¡Lo dijo!
Anna : ¿eh?
(John tira las palomitas que ella tiene en su mano y comienza a perseguirla...)
Marianne: Anna...¡Quiero ver a Leo!
Stuart: Yo lo veo con usted...
Marianne: Bueno, ayudeme con el te (dice dandole los vasos y ambos salen del blog)

viernes, 20 de mayo de 2011

Capitulo 7

Antes que nada, cada una de mis hermanas narrara su “situación” con los Lord y el Sir… si, será algo raro, pero ellas insistieron en que yo no lo hiciera.

Sunny:

- ¿Buscaba a alguien mi Lady? – dijo una voz detrás de mí. Gire para ver quién era y no pude evitar sonrojarme.

- Mi… Lord.- Paul sonreía mientras miraba mi expresión.

Si, lo sé, era lo que yo quería, pero no así. Si Sir Paul deseaba estar a solas conmigo, debería preguntarle a mi padre primero. Total, aun no he sido presentada en sociedad y… esto sería una deshonra para mi familia, y más para mis hermanas mayores.

- Sir Paul yo…- el dedo índice del Sir cubrió mis labios silenciándome

- Lady Susan, antes que nada, me gustaría expresar mi interés hacia usted.-

- Sir Paul, creo que debo regresar con mis padres.- intente alejarme de McCartney, pero el tomo mi brazo para evitar que le alejara.

- Lady Susan, es en serio.- la mirada de Paul me intimidaba, era tan profunda y sincera. Asentí levemente y sonreí.

- Sir Paul, eso es algo que usted debe hablar con mi padre. Y también debe saber que aun no hemos sido presentadas en sociedad, asi que deberá esperar un tiempo para que yo acepte el que me vea de esa forma.

Paul sonrió al escucharme e igual asintió. Era extraño estar en esta situación, primero por ser la menor de la familia, y también porque había notado en las veces que los vimos, que el igual estaba interesado en mi hermana Marianne. Si de verdad quería algo conmigo, debería esperar hasta diciembre.

- Entonces… que asi sea mi Lady. Puede volver con sus padres.- hizo una reverencia y me dio paso para volver a la fiesta.

Al volver a la fiesta, pude notar que tanto Marianne como Anna no se encontraban en el salón, y las mellizas bailaban animadas con Lord Richard y Lord Harold. Busque a Sir Paul con la mirada, y note que hablaba animadamente con el padre de Jane Asher. No pude evitar hacer un gesto y me acerque a mi padre, que me recibió con su dulce sonrisa, característica de él.

Marianne:

- Tal vez no mi Lady – dijo el – tenemos la solución justo frente a nosotros.

Y efectivamente, era así. Una ventana, donde podía salir perfectamente sin hacer alguna maniobra extraña o arriesgada. Lord Stewart abrió con cuidado la ventana, aunque en realidad, con el ruido del salón, era algo improbable que nos escucharan. Solo era levantar un poco mis piernas para poder salir. Stewart sonrió al notar lo que debía hacer y yo simplemente lo mire.

- ¿Podría mirar a otro lado, Lord Fergusson?- pregunte algo incomoda por lo que iba hacer. El asintió y observo hacia el salón, comprobando que nadie nos descubriera.

Aprovechando eso, salí por la ventana hacia el jardín de McCartney, un jardín poco cuidado, por lo que alcance a ver. Trate de no alejarme tanto de la casa y encontré un banco donde sentarme. Lord Stewart me alcanzo y se sentó a mi lado.

- Lady Louise…- rodé mis ojos al escuchar ese nombre.

- Lord Fergusson, solo mi hermana tiene derecho a llamarme así.- respondí algo molesta y el sonrió.

- Lo mismo digo. Solo su hermana puede llamarme Fergusson… Lady Louise.- suspire y aproveche que él miraba a un rosal casi marchito, para observar sus facciones.

He de admitir, que Lord Stewart no estaba tan mal. Tenía un bonito perfil, era un poco más alto que yo pero… no era Sir Paul.

- Tengo entendido que… Sir Paul esta algo interesado en Sunny.- dijo él, como si leyera mis pensamientos.

- ¿Ah sí?-

- Eso le escuche decir un día que hablaba con John.-

- ¿Y usted está interesado en mi hermana Victoria, Lord Stewart?-

- No Lady Marianne, yo estoy interesado en otra persona, pero parece que ella no lo está en mi. Y es una verdadera lástima, porque es una chica muy bonita.-

La vista del Lord abandono a los rosales y se dirigió a mí. Estaba algo nervioso.

- Entonces, esa señorita no sabe lo que se pierde.- sonreí levemente al decir eso.

Fue cuando caí en cuenta de que Sir Paul estaba interesado en Sunny. Me moleste un poco al saberlo asi que le preste poca atención a lo que decía Lord Fergusson. ¿Cómo podía mi hermana menor interesarse en Sir Paul?...

- Eso no lo sé. Nunca me considere un buen partido, Lady Louise. Además, parece que esa chica jamás se dará cuenta de mis sentimientos hacia ella, ya que es un poco distraída.- Paso su mano frente a mi rostro y yo reaccione.

- Lo siento Lord Fergusson… pero si esa chica es tan distraída, no es merecedora de su afecto.

- Claro que lo es. Eso la hace interesante.- sonrió al decir eso, y sin darme cuenta, me sonroje. – Es mas… ahora, en este momento, anda sumergida en sus pensamientos, que no se da cuenta que hablo con ella.

Fue cuando reaccione y entendí que hablaba de mí.

- Lord Fergusson, está muy equivocado si cree que lo aceptare. Es más… creo que debo volver a la fiesta.- me levante de mi lugar, pero Stewart me tomo de la mano y me jalo hacia él.

- Lady Marianne... mis sentimientos hacia usted son sinceros. Espero que algún día se dé cuenta.-

- No se atreva a tomarme de la mano nuevamente, señor Duque…- respondí molesta, solté su mano y me aleje de él, entrando al salón nuevamente por la ventana y camine a través de este, sin importarme la presencia de Lord Deveraux, llegue hasta donde estaban mis padres sentados.

- ¿Marianne, has visto a Anna?- pregunto Sunny y yo, tratando de no parecer alterada por lo que acababa de pasar, negué y tome una copa con agua que estaba sobre la mesa.

Emilie:

¿Qué puedo decir yo?... bailaba con un coronel. Sus ojos azules me tenían hipnotizada, su forma de bailar era tan… no lo sé. Me gusto el coronel y creo que yo le guste a él. Primera vez que Michelle y yo estábamos separadas y todo por dos caballeros.

- Lady Emilie… ¿y toda la vida ha vivido aquí?- pregunto mientras la pieza que bailábamos nos permitía estar cerca.

- Si Coronel, siempre… es un lugar tranquilo, según mi madre…- y ahí nos separamos. – Pero a mí me parece aburrido.-

- Es un pueblo… interesante.- no saben cómo odio bailar y no poder platicar cómodamente. Esperaba que la pieza terminara rápido para poder hablar con el coronel.

- ¿Por qué… lo dice?-

- Porque… lo es… Lady… Emilie.-

La pieza por fin termino, hicimos una reverencia y caminamos fuera de la pista.

- No lo sé Coronel. Lo más interesante que ha pasado este año, es la llegada de los Duques y del Márquez… y claro, la de ustedes.- sonreí al decir lo último.

- Ya veo… ¿Gusta bailar otra pieza?- sus ojos azules rogaban para que yo aceptara. Mire a la mesa donde mi familia estaba sentada y note que solo Sunny y Marianne estaban allí.

- Claro… un placer Coronel.-

- Por favor Lady Emilie… dígame Richard, me pesa el titulo de Coronel en este momento.-

- ¿Ritchie?-

- Mucho mejor… bailemos entonces.- me ofreció su brazo y los dos caminamos nuevamente hasta la pista de baile, donde Jane Asher bailaba animada con Lord Stewart que parecía que lo habían obligado a bailar, Patricia Boyd con Sir Paul, Michelle con Lord George, y otras parejas anónimas.

El Coronel, Ritchie, bailaba animado. De verdad parecía que le encantaba bailar. Sonreí al verlo y él se sonrojo levemente. Bailamos otras dos piezas y decidí regresar a la mesa. Total, aun no he sido presentada y está mal visto que una dama baile antes de ser presentada… pero puedo decir que el Coronel y yo pasamos una excelente velada. Regrese a la mesa y Marianne estaba algo molesta y Sunny en poco soñadora.

- ¿Y Anna?- pregunte y Marianne levanto levemente los hombros.

- Ni idea… no la hemos visto.- respondió Sunny, que no dejaba de ver a Sir Paul.

- Ya veo.- me senté y regrese mi mirada a la pista de baile, donde Michelle bailaba la siguiente pieza con Lord Harold.

Michelle

Si, Lord George me gustaba. Podría decir que fue amor a primera vista. Su porte, su acento… ¿Qué más podía pedir? Note que Emilie, Sunny y Marianne estaban ya en la mesa de nuestra familia pero no me importo, me gustaba bailar, más que a Emilie, y bailar con Georgie era perfecto. Su mirada, algo tierna, me buscaba cada vez que la pieza de baile nos obligaba a separarnos.

Al finalizar la pieza, Lord Harold se acerco a mí y nos alejamos un poco de la pista de baile, y de la vista de mis hermanas.

- ¿Lord Harold, ha sido buena su estadía en Meryton?- pregunte para evitar un silencio incomodo.

- Muy bueno, Lady Michelle. Y me alegra que mis amigos hayan organizado esta fiesta.- su vista se dirigió a Lord Stewart, que seguía bailando con Jane, se notaba que el pobre estaba demasiado incomodo.

- Lord George… ¿Es usted británico?- pregunte algo curiosa, debido a su marcado acento.

- Tanto como tomar el té a las seis, Lady Michelle.- reí al escuchar su respuesta.

- ¿Y usted, es de aquí?- asentí y suspire. Las únicas londinenses eran Victoria y Louise.-

- Yo crecí entre Inglaterra y la India. Es un lugar interesante, y me gustaría que alguna vez lo conociera, mi Lady.-

- A mi igual me gustaría conocer, Lord Harold… dicen que hay unas plantas muy hermosas en ese lugar.-

- ¿A usted le gusta la botánica?-

- Tanto como bailar, mi Lord.- George sonrió con mi respuesta y miro la pista de baile nuevamente.

- Pues entonces, ¿me otorgaría el honor de bailar nuevamente con usted, mi Lady?-

- Claro que si, el honor es mío, mi Lord.-

Sé que está mal visto que una señorita que aun no ha sido presentada baile tantas veces en una noche, pero, me gusta bailar y me gusta Lord George, asi que ¿A quién le importa? Eso sí, después de dos bailes, regrese a la mesa y note que Anna no había regresado.

- ¿Donde esta Anna?- pregunte y mis hermanas no respondieron.

- Parece que mis padres la está buscando.- dijo Sunny al notar que el Conde y la Condesa tampoco estaban cerca.

- No, ellos están hablando con los Asher.- dijo Marianne mientras observaba el salón, buscando la mirada de Sir Paul.

Anna:

Por mi parte, yo estaba… la verdad, no sé donde estaba. Era una habitación retirada del salón de baile. Lord Winston miraba una botella de whiskey que estaba sobre una de las mesas. Llevábamos casi una hora en ese lugar, y ninguno se había dirigido alguna palabra. Fue cuando empecé a aburrirme.

- Me retiro, Lord Winston.- arregle mi cabello y camine hasta la puerta. No sé porque di vuelta y dirigí mi mirada hacia John. Estaba sonriendo, sin dejar de ver la botella.

- Lady Victoria… primera vez que noto que pasa más de una hora en silencio. Sé que no se marchara, porque también me fije que odia las fiestas, tanto como yo.- su mirada se dirigió a mí, y dejo la botella en el lugar donde la había encontrado.

- No sé de donde saco eso, Lord Winston.-

- Llevamos más de una aquí, no le ha importado si su familia nota que no estamos en la sala, y tampoco tiene ganas de regresar. Por algo no se ha marchado.-

- Dígame Lord Winston… a usted le encanta discutir conmigo ¿cierto?- volví mis pasos hacia donde estaba sentada unos minutos antes.

- Exactamente, mi Lady. Nunca había conocido a una joven que fuera tan decidida y tan… ¿rebelde?- sonrió al decir la última palabra. – De verdad, es interesante discutir con usted, mi Lady.-

- No veo lo interesante de eso. Me irrita, mi Lord.- pensé en retirarme, me molestaba esa actitud de “Yo soy genial” que tenía en ese momento.

- Es una lástima, porque como le dije, discutir con usted es interesante. Tiene un punto de vista muy fuerte, y créame Lady Victoria, que eso la hace destacar entre tantas jóvenes del pueblo, y quizá hasta de Londres.- mientras decía eso, camino hasta donde yo estaba, y se sentó a mi lado.

¿Qué podía decir? Me había dejado sin palabras. Mis mejillas se ruborizaron y eso provoco que sus labios dibujaran una sonrisa. Yo, Anna Victoria Ferdinand, había quedado sin argumentos para discutir.

- Dígame Lady Victoria… ¿Ha tenido algún pretendiente?-

- No, Lord Winston. O mejor dicho, no lo sé. Nunca me fije en eso.-

- Bueno… déjeme decirle que, ahora lo tiene.-

- ¿De qué habla, mi Lord?-

- Hablo de que usted me gusta mi Lady. De eso hablo. Pensé que había quedado claro con la discusión que, a mi parecer, he ganado.-

- No, Lord Winston, no quedo claro.- desvié mi mirada para que el sonrojo de mis mejillas no se notara tanto.

Lord Winston sonrió, sentía que lo hacía. Suspire y al volver mi mirada a él, estaba demasiado cerca a mí.

- ¿Y entonces, que debo hacer para que quede claro… Victoria?-

Sí, me moleste, trate de levantarme de mi lugar pero sus brazos no me dejaron. Me había rodeado y no podía hacer nada para escapar.

- No vuelva a decir mi nombre de ese modo, Lord Winston.-

- Por favor, mi Lady, no es tan molesto… además, para que tanto formalismo, si sabemos que tanto usted como yo lo odiamos.-

- Aun asi, es una falta de respeto, John.-

- No lo creo, Anna.- Sonreí al escuchar nuevamente mi nombre asi. Solo mi familia me llamaba de esa forma, sin el prefijo “Lady”. John se acerco un poco más a mí, dejando su rostro muy cerca del mío. – Déjeme decirle que tiene una hermosa sonrisa.-

- Lo sé… ¿Puedo retirarme, Winston?-

- La mayoría de las jóvenes estarían escandalizadas al estar tal y como usted y yo estamos, Victoria.-

- Como usted lo dijo antes, yo no soy como la mayoría de las jóvenes, Winston.-

- Eso lo sé. Y eso me gusta…- su mirada se dirigió a mis labios, y luego nuevamente a mis ojos. – Victoria… tiene unos hermosos labios.-

- Eso también lo tengo claro. Por algo mi sonrisa es hermosa.-

Y fue cuando sentí sus labios sobre los míos. A pesar de que es un arrogante, sus besos eran tímidos. O tal vez yo los sentía asi. John se separo un poco de mi y sonrió.

- Mi Lady… ¿Había besado antes?-

Sonreí levemente a su pregunta y negué. Lord Winston sonrió y regreso sus labios a los míos, besándome esta vez con más confianza, cosa que correspondí. ¿Qué puedo decir? Me gustaba el Duque, era totalmente diferente a todos los jóvenes que habían fallado en su intento de acercarse a mí.

Pasaron pocos minutos, y cuando sentí que era necesario volver al salón del baile, antes de que la gente empezara a pensar mal de nosotros. Y no es que me importara el que dirán, pero si me importaba el honor de mi familia.

- Lord Winston… creo que deberíamos regresar.- dije separándome de sus labios y el asintió levemente.

- Opino lo mismo… debería adelantarse, mi Lady, asi no sospecharan.-

Se separo completamente de mi, levantándose y camino a donde se encontraba antes, volviendo a tomar la botella de whisky que llevaba analizando desde hace ya una hora con diez minutos. Arregle mi vestido y mi peinado, y salí de la habitación, volviendo a la sala, donde mi familia me esperaba algo preocupada.

- ¿Anna Victoria, donde estabas?- pregunto mi madre algo alarmada.

- Madre, ¿ustedes buscaron mas allá del salón?- mi familia negó y yo sonreí levemente. – Lord John me permitió usar el salón de música y ahí practique un poco.- fue en ese momento cuando Lord Winston entro al salón y se dirigió a la mesa de nuestra familia.

- Lady Anna, ¿disfruto el salón de música?- mi madre suspiro de alivio y mi padre sonrió al escuchar esas palabras de los labios de Lennon.

- Si, mi Lord, es usted muy amable.- respondí algo cortes, cosa que solo Marianne noto. Sí, mi hermana sospechaba.

- Lord John, creo que es hora de retirarnos. Ha sido usted muy amable con nosotros por invitarnos.- dijo mi padre y Lord Winston sonrió.

- Todo lo contrario. Gracias a ustedes por asistir a la fiesta.- todos hicimos una reverencia y salimos del salón de baile, directo a nuestros carruajes. La mirada de Marianne me acosaba, y sabia que me pediría que le contara todo lo que había pasado.

Fue una noche interesante para toda mi familia, y estaba segura que muchas cosas cambiarían después de ese baile.
--------------------
(Entra Anna, con un abrigo y tomada de la mano con Lennon)
Anna: Hace frío...
John: Y jugué con el pegante instantáneo
Anna: Me dio la mano
John: Y aquí estamos...
(Marianne, que trae un recipiente con agua caliente, se queda en la entrada del blog, dudando si darles el agua o no)
Stewart: Louise... se mala... además se ven bien juntos
Marianne: Lo sé... por eso aun no les doy el agua.
Stewart: ¿Quieres té?
Marianne: ... ok... ¡vamos!
(Salen los dos del blog)
Anna: Tengo frío...
John: Yo se como calentarte...
Anna: Dios... ¿Donde estará Marianne con el agua caliente?
John: Ni idea... (Sonríe de forma traviesa) ¿Vamos por ahí?
Anna: Esta bien...
(Los dos salen del blog, y entra Michelle, toma el pegante instantáneo y sale corriendo del blog gritando)
Michelle: ¡Lord Harold!... ¿Donde se encuentra?

martes, 17 de mayo de 2011

Capitulo 6.




El día siguiente pasó sin mayores reparos, nuestras hermanas hicieron que repitiéramos lo que había ocurrido una y otra vez, lo que Louise hacía emocionada. Las chicas tuvieron sus clases, y mi madre me llamó para que la ayudara a escribir una tarjeta de presentación a los Powell.

Pasó la noche, y despertábamos un sábado 5 de julio, Marianne y Sunny tarareaban en el espejo mientras se peinaban. Las mellizas salieron al jardín, y les dije a Louise y a Sunny.

- Chicas, hace un día precioso, vamos afuera –

- En seguida – dijeron ellas y fueron por algunas cosas a los baúles. Yo tomé unas hojas, tintero y pluma y baje las escaleras. Fui afuera, y Michelle estaba podando sus rosales, mientras que Emilie intentaba darle de comer a una ardilla que estaba en un árbol.

- Emilie, ten cuidado puede morderte – dije haciendo mi “papel de hermana mayor”

- Si…- dijo ella distraídamente y Marianne y Sunny se reunieron con nosotras. Marianne traía un libro desgastado.

- ¿Gautier de nuevo? – dijo Michelle mirando el libro –

- Si…- dijo Marianne sonriente – además, sirve que práctico mi francés. – eso se debe a que el libro de Marianne está en ingles y francés…

- Marianne sólo te llenarás la cabeza de aire…- dije – de más aire, y cuando salgas flotando de aquí, entonces nadie podrá alcanzarte. –

- Oye, Emilie… ¿Podemos terminar tu retrato? – dijo Sunny con su caballete, su lienzo y una caja de pinturas, que ya estaba acomodando –

- ¡Si! – dijo Emilie y se sentó en una de las bancas, que estaban al lado de unas campañillas azules. Marianne se sentó bajo un haya y comenzó a leer, yo me senté junto a ella y me disponía a escribir, Michelle se puso a regar unas margaritas que tenía.

- ¿Qué escribir?, ¿Qué escribir? – dije en voz muy baja…no podía concentrarme Lord Winston ocupaba mi mente cada vez que pensaba en una idea. – Ahh!! – grité frustrada en voz más alta de la habitual, y Marianne saltó, Sunny dio un pincelazo mal, y Michelle cortó una rosa, ya que había vuelto a podar.

Louise estaba a punto de reclamarme cuando llegó mi madre al jardín corriendo.

- ¡Una condesa corriendo! – dije en voz baja y mis hermanas comenzaron a reír a carcajadas.

- ¡Mis queridas hijas! – dijo llegando sin aliento cerca de donde estábamos, y tenía un sobre abierto y una hoja en la mano. Sunny, que no aguantaba la curiosidad, tomó la carta, y todas nos pusimos alrededor de ella.

- Estimado Conde de…- comenzó a leer en voz alta, yo desesperada le quite el papel.

- Estimado y estimadas bla, bla, bla…- dije saltando la paja que tenía la carta…como odio todo eso – es un placer para mi, Lord bla, bla, bla…invitarlas el 16 de julio a un baile en….-

- ¡Ahhh! – gritaron y saltaron las mellizas junto con Marianne –

- ¡Un baile! – dijeron las mellizas al tiempo y se abrazaron, Sunny no decía nada pero tenía una sonrisa radiante, Marianne la tomó de las manos y comenzó a dar vueltas con ella, las mellizas las vieron y comenzaron a tararear un vals.

- Ya es suficiente niñas – dijo mi madre – deben de comportarse como las Ladies que son.

- Sí madre – dijeron las mellizas a coro y Marianne soltó a Sunny

- Vamos adentro – dijo mi madre y se adelantó mientras recogíamos nuestras cosas, Marianne levantó la rosa que había cortado Heather y dijo: Soy el espectro de la rosa
Que tú llevabas ayer en el baile.
Me cogiste cubierta de perlas,
fuente de llanto argénteo,
Y, en la fiesta estrellada,
me paseaste toda la noche.

-
- ¿Gautier? – pregunté mientras ella le ponía la rosa a Heather en su vestido la rosa –
- Si…- dijo ella – lo estaba leyendo ahora –
- Nunca cambiarás Louise…- dije mientras la abrazaba y caminábamos hacia la casa.

Al mismo tiempo, en la agitada Londres, un caballero almorzaba en la embajada con el embajador de la india en Inglaterra.

- Es un gran honor que me haya invitado a almorzar –

- El honor es mío Marqués – dijo sonriendo el embajador –
- El primer lugar que tenía que visitar llegando de la India era este, como le prometí. –
- Hablando de eso Marques…- dijo el embajador, y sonó una campanilla, el servició llegó de inmediato - ¿Podrían traerme el correo del marqués? –
- En seguida – dijo la señorita y se alejó –
- Llego una última esta mañana – dijo el embajador distraídamente y la señorita llego con una bandeja de plata con las cartas sobre la charola.
Paso todos los sobres hasta que reconoció uno de los escudos y abrió la carta.

“¡Hola George!

Estoy en Meryton junto con John y Paul, me recomendaron venir a “descansar”, y no quería venir. La novedad es que encontré algo muy interesante aquí…

Además John y Paul planean hacer un baile, parece que todo el pueblo explotará de la emoción. Y si, ya se lo que piensas, ellos odian los bailes. Pero ellos también encontraron algo interesante.


Sería grandioso que te nos unieras, también invitaremos a Richard. Escríbeme en cuanto puedas.


Fergusson”


- ¿Algo interesante, eh? – dijo Harrison sonriendo – tengo que ver eso… -

- ¿Algo bueno? – dijo el embajador –
- Si, - dijo George – creo que viajare al campo –

Al mismo tiempo, dos caballeros salían del palacio de Buckingham, y estaban a la mitad de una conversación.

- Por eso insisto en que debería tomar un descanso Coronel, - dijo uno de los dos - lleva viajando y trabajando mucho –
- Bien, - dijo el otro, hicieron un saludo militar y el Coronel se dirigió hacia la calle, donde subió a un carruaje. Pronto llegó a su bonita propiedad, y el mayordomo de su familia lo esperaba en la puerta.
- Lord Richard – dijo – llegó correo para usted ésta mañana.
- Gracias Miles, - dijo Lord Richard y tomó la carta que se le ofrecía. Reconoció el sello al instante y la abrió.

“ Henry,


Te escribo desde Meryton, es un lugar muy agradable, ¿sabes? Me gustaría traer a vivir aquí a la pequeña Cathy, el ambiente para ella es mucho mejor que el de Londres, y además hay un par de personas, con las que creo podría hacer amistad fácilmente. Hay una casa que estoy viendo, y hoy me comunicaré con el propietario para comprarla, ya que está en venta.


Además de que quizá “ella” ha aparecido Henry…no se cómo decírtelo, pero lo se…ella es diferente a todo lo que he visto, pero tienes que verlo tú mismo.


Paul, Stewart y yo daremos un baile… si, odio eso…pero, bueno es un compromiso social.


Sería muy bueno que dejaras tus grandes obligaciones como Coronel por un rato, y pasaras a ver a tus amigos. Además a ti te gustan los bailes Richard…y créeme cuando te digo que este promete mucho.


Contesta pronto.


John”



Richard fue a hablar con su padre al estudio.

Ahora sabía que hacer durante su descanso.
Cuando entramos a la casa, subimos a dejar nuestras cosas, y bajamos para almorzar. Mi madre se había excedido, si es que eso era posible.
- ¿Llamar a una modista de Londres madre? – dije yo.
- De la calle Bond, querida – dijo ella –
- ¿Mamá no crees que estas exagerando un poco? – dije
- Annie…el amor es un campo de batalla…- dijo Heather susurrándome al oído –
- No es una exageración Anna, - dijo mi madre – no sabemos que tan desesperadas están las señoras Asher y Boyd – dijo llevándose un trozo del pastel de carne a la boca. –

La modista fue a nuestra casa al día siguiente, con cientos de telas, y midió a cada una de nosotras con la inquisidora mirada de la Señora Ferdinand viendo todo, hasta que mi padre la llamó.

Estábamos viendo las telas, Sunny tenía una azul añil, que quería combinar con otro color, la modista le sugirió una gris perla, que a ella le encantó.

Las gemelas querían un color diferente y se pusieron a buscar entre las telas, tuve que ahogar una risa, cuando ambas llegaron al mismo tiempo con la modista sosteniendo en sus brazos la misma tela.
- ¡Quiero esta! – dijeron al mismo tiempo, se miraron y comenzaron a reír, la tela era de un lindo color vinotinto.

Marianne, por su parte tenía una tela azul, con un azul muy parecido al de las moras azules. Suspiré, no podía ser que pasara esto, las dos querían al mismo chico, y ahora querían casi el mismo color. Estuve pensando en esto hasta que Marianne vio una tela blanca que le gusto mucho, era vaporosa, y le encantaba. La modista, le sugirió usar dos tipos de tela blanca, la que había visto y otra que le mostró.

Yo por mi parte, elegí dos telas de colores verde obscuro, todas estábamos muy felices con nuestras elecciones, y además la modista nos halagó por ello.

- De verdad, sus hijas tienen un excelente gusto mi Lady – le dijo a mi madre despidiéndose. – Tendré los vestidos listos para el 13 de julio y los entregaré aquí personalmente. –
- Muy bien – dijo mi madre y cuando el carruaje se fue, entró a la casa.

Las semanas pasaron y en el pueblo, todas las chicas cada día estaban más emocionadas, incluso se corría el rumor de que Jane Asher se puso a pelear con una chica por un vestido. Con lo cual, las hermanas Ferdinand estaban muy felices. Los vestidos llegaron el día acordado y todos les quedaban como guantes, y eran preciosos.

No tuvieron ni rastro de los Lords ni de Sir Paul en mucho de este tiempo, pero se rumoreaba que Lord John estaba negociando comprar la propiedad.


El día del baile llegó. Los anfitriones habían hecho su invitación a las 8:00 de la noche. A las 8:10 los carruajes de los Ferdinand llegaron. Un cochero llegó y ayudo a Lady Anna a bajar del carruaje, seguida por Lady Emilie y Lady Heather. Del otro carruaje, salieron primero Lord Patrick, seguido por su esposa, Lady Rachel, después salieron Lady Marianne y lady Susan.


Los 7 caminaron hacia la iluminada entrada, donde un mozo anunciaba a los que entraban golpeando con un bastón el suelo.



- Lord Patrick Ferdinand, Conde de Wilton, Lady Rachel Ferdinand, Condesa de Wilton, Lady Anna Victoria Ferdinand, Vizcondesa de Wilton, Lady Louise Marianne Ferdinand, Lady Heather Michelle Ferdinand, Lady Emilie Alexandra Ferdinand, Lady Susan Marie Ferdinand. – Entre nombre y nombre ellos pasaban, y bajaban las escaleras, Anna tenía una cara de disgusto que no podía con ella, odiaba esos títulos, y los anuncios. Pero sonrió con malicia en cuanto vio algo entre la gente.




- ¡Eh, Louise! – dijo diciéndole a su hermana que estaba al lado de ella – Lord Deveraux esta mirando hacia acá…-


- ¿Qué? ¡No! – dijo Marianne girándose - ¿Me vio ya? –

- Creo que si…- dijo Anna sonriendo con malicia – de hecho viene para acá y…- se giró para ver la expresión horrorizada de su hermana. Lord Deveraux era un viudo de 35 años que tenía un interés en la segunda de las hermanas Ferdinand. Al ver que Marianne había huido, Anna comenzó a reír.

- Lady VICTORIA, es un gusto verla de tan buen humor – dijo Lord John, quién se había acercado junto con dos caballeros desconocidos para toda la familia. –

- Lord WINSTON – dijo sonriendo forzadamente Anna y fingiendo simpatía.

- Mi Lord, mis Ladies – dijo inclinándose y entonces, los demás miembros de la familia presentes lo vieron, ya que solo Lady Anna lo había visto.

- Lord John – dijeron a coro y se inclinaron también.

- Quisiera presentarles a unos amigos míos, Lord George Harold Harrison, Marques de Ailesbury - dijo sonriendo -– el caballero que tenía una ligera barba, se inclinó.

- Es un gusto. – dijo y la familia Ferdinand se inclinó.

- Y mi otro amigo es el Coronel Lord Richard Henry Parkin Starkey, Vizconde de Granville – el caballero de los ojos claros se inclinó y Emilie sonrió emocionada al oír la palabra Coronel, además el Coronel llevaba su uniforme con medallas y se veía muy apuesto. La familia Ferdinand se inclinó y el padre comenzó a presentar a la familia, pero cuando llegó al turno de Marianne se detuvo.

- ¿Dónde está Marianne? – dijo Sunny buscando rápidamente entre la multitud, buscado también a Paul.

- Ya aparecerá – dijo la madre restando importancia.

- Ellas son Lady Emilie, y Lady Heather. – dijo el padre, y las mellizas sonrieron al mismo tiempo, Lord George y Lord Richard ensancharon sus sonrisas. – y ella es lady Susan, - dijo el padre, pero ella estaba demasiado ocupada mirando entre la multitud, y los caballeros estaban demasiado ocupados mirando a las mellizas. Lo que complació a su madre.

- Mi Lord, ¿podría invitar a Lady Emilie a un baile? – dijo Lord Richard, que era al que más le gustaba bailar.

- Por supuesto – dijo el padre, y ellos dos se alejaron para ponerse cerca de la pista de baile. George le sonrió a Heather y esta se sonrojo.

- Lord Patrick – dijo George con una amplia sonrisa - ¿Podría? –

- Adelante – dijo Lord Patrick sonriendo, y George tomó la mano de Heather para acercarse a la pista por otro lado.

- Mi Lord, mi Lady – dijo Lord Deveraux que se había acercado a ellos para hablar. - ¿Gustarían tomar una copa? –

- Claro – dijo la madre y se fueron hacia las mesas, dejando a John, Anna y Susan. O eso creían.

- Suerte que Louise se fue… ¿O no Susan? - dijo Anna, que giró buscando a su hermana, la cual no encontró.

- Parece que sólo quedamos nosotros dos Lady Victoria – dijo John

- Parece que no ha entendido que no quiero que me llame por mi segundo nombre - dijo ella, aun buscando.

- ¿Baila usted Lady Victoria? – dijo el y ella no le respondió.

- ¿Mi Lady? –

- Le dije que no me llamara por mi segundo nombre…-

- Lord Stewart lo hace mi Lady –

- ¿Esta usted celoso Lord John? – dijo Anna sonriendo

- ¿Quiere usted que lo este? – dijo el sonriendo, y ella no supo responder –

- ¿Baila Lady Victoria? – dijo de nuevo

- Bueno, sólo un baile - dijo ella, el sonrió y ambos fueron a la pista, donde Lord Richard y Lord George ya bailaban con las mellizas.



Sunny había sido jalada hacia atrás y asustada miró hacia los lados, sin ver a nadie.


- ¿Buscaba a alguien mi Lady? – dijo una voz detrás de ella y ella se giró para mirarlo, Sir Paul sonreía mientras la miraba.

- Mi…Lord – dijo ella sonrojada y miró al piso.

Mientras tanto Marianne se deslizaba detrás de unas cortinas, para no ser vista, cuando de pronto choco con alguien, en la obscuridad.

- Lo siento – dijo Marianne mientras se sobaba el brazo –

- La culpa fue mía…permítame disculparme – dijo la voz del hombre, el cual se acerco para ver a la chica –… ¿Lady Louise? – Marianne reconoció a Stewart, y le molesto que la llamara Louise, ya que sólo su hermana mayor podía llamarla así.

- ¿Qué hace usted aquí? – dijo el sorprendido, en seguida Marianne recordó a Lord Deveraux, y su enojo se bajó, era mucho mejor estar allí con Lord Stewart que con el.

- Me escondo…- dijo ella y se asomó ligeramente por las cortinas – de Lord Deveraux –

- ¿Lord Deveraux? – dijo el divertido, y un rostro le vino a su mente.

- Si…me asedia – dijo ella – un viudo que tendrá…35 – Stewart comenzó a reír, y confirmó que sus sospechas no eran equivocadas –

- ¿Y usted? – dijo ella dejando de espiar por la cortina –

- Evito a los Asher…- dijo el apenado –

- ¿Los Asher? – dijo Marianne divertida –

- Quieren presentarme a su hija…- dijo el suspirando, y ella contuvo la risa – tuve el placer de verla antes, - dijo sarcástico – yo iba a una tienda de trajes para medirme el que traigo, y al lado hay una famosa tienda de vestidos, para mi sorpresa, la joven Jane peleaba con otra por un vestido…cuando salí de la tienda intentó hablarme, pero la considero…-

- ¿falsa? – dijo Marianne y el la miro sorprendido

- Exactamente eso…-

- Vaya…- dijo ella – parece que nos quedaremos un buen rato aquí. -

- Tal vez no mi Lady – dijo el – tenemos la solución justo frente a nosotros –


_____________________________________________________

Marianne: ¡Tengo sueño!
Anna: Toma café Marie....eso me ayuda a escribir...
(Marianne aferra su taza de te)
Marianne: ¡Nunca! 
(Anna rueda los ojos)
Anna: Como quieras....
(En eso entra John y Stuart disimuladamente)
John y Stuart: ¡Llegamos! 
Anna: Aja...
(Marianne se limita a asentir)
Stuart: ¿Que le pasa a Marie? 
Anna: Tiene sueño...
John: ¿Y no correran hoy? 
Anna: No, la tengo que cuidar....es capaz de quedarse dormida aqui
Stuart:(Alza la mano) Yo la cuido
John: ¿En serio? 
Stuart: SI!
(John jala a Anna de la mano)
John: ¡Vamonos Annie! Tienes que enseñarme ese juego en el que te metes a las casas y te regalan cosas
Anna: ¡Pokemon!
John: Eso...
(Se van corriendo)
(Marianne se duerme y Stuart niega con la cabeza)
Stuart: Perezosa...
(Marianne habla dormida) 
Marianne: No soy perezosa...
Stuart: Ya duermete...
Marianne: Dejame dormir
(Stuart rie)
Marianne: Buenas noches...gracias a todos por comentar.... y por leer
Stuart: ¡Duermete!

domingo, 15 de mayo de 2011

Capitulo 5


Salí a atender, y era nuestra madre, que lucía algo impaciente.

- Lady Victoria, ¿a qué hora piensa bajar?- pregunto y yo sonreí.

- En unos minutos madre, hay que hacerse esperar.- respondí y nuestra madre sonrió.

- Oh… bien pensado hija.- dijo mi madre y se retiro.

- ¿Vamos?- pregunto Louise algo emocionada y asentí.

Al bajar al comedor, Lord John y Lord Fergusson lucían muy elegantes, dignos de su titulo, pero Sir Paul, exageraba un poco con su ropa, ya que era una simple cena “informal”.

- Lady Victoria, ¿gusta sentarse al lado de Lord John?- pregunto nuestro padre y yo suspire y asentí levemente.

- Claro padre, no hay problema.- Lord John retiro mi silla y espero a que me sentara para correrla nuevamente. Por lo menos era educado.

Ahora, para no alargar y narrar la hora emocionante de la cena, hare un resumen.

Sunny y Louise miraban mucho a Sir Paul, cosa que note y que me hizo preocupar. Lord Fergusson observaba con una sonrisa en sus labios las acciones de Louise, y ella simplemente lo ignoraba. Las mellizas, algo distraídas, conversaban con nuestra madre acerca de la ropa que debíamos vestir. Lord John hablo toda la cena con nuestro padre sobre la propiedad que deseaba comprar, Sir Paul, para desgracia de Marianne, miraba a Sunny y yo… observe todo desde mi puesto. Si, una cena aburrida.

- Ahora, podemos pasar a la sala de estar a tomar un brandi, y para las damas, un té.- dijo mi padre y todos asentimos y nos levantamos de nuestros lugares.

- Sunny, Emilie y Michelle, se pueden retirar a sus habitaciones.- ordeno mi madre y las tres suspiraron al tiempo y con una reverencia, se despidieron de los caballeros.

- Ahora sí, si gustan seguirme…- dijo mi madre y todos caminamos detrás de ella, por orden de titulo.

Al llegar a la sala de estar, nuestra madre guio a Louise al piano. Marianne me miraba pidiendo ayuda, pero mi madre se acerco a mí y me paso un libro.

- Querida, ¿puedes cantar mientras acompañas a Louise?- pregunto y yo abrí los ojos.

- Madre… pero acabamos de comer.- dije tratando de disculparme, pero mi madre negó e insistió.

- Seria un placer escucharla cantar, Lady Victoria.- interrumpió Lord John y no tuve más remedio que empezar a cantar.

Stewart y Paul miraban a Louise, y mi padre y Lord John me miraban cantar a mí. Mientras lo hacía, pensaba como matar al Duque, pero que todo pareciera un accidente.

Al terminar la canción, los caballeros y mis padres aplaudieron y yo sonreí levemente al ver la expresión de Lord Stuart, que estaba entretenido con Louise.

- Bien, ahora con su permiso, debo retirarme.- dijo mi madre y los jóvenes se levantaron para despedir a la Condesa.

- Hijas, yo debo arreglar unos asuntos - dijo mi padre

- ¡Pero, padre! - dijo Marianne - no se nos puede dejar sin dama de compañía con los caballeros. –

- Hija, ustedes son dos - dijo mi padre. - así que ustedes son sus propias damas de compañía –



- Sí, padre - dijo ella

- Caballeros - dijo en una voz más audible el Conde - debo retirarme a resolver ciertos, asuntos –

Los caballeros fueron a despedirse de mi padre, y cuando él salió de la habitación, nos quedamos solas con ellos.

- Entonces… caballeros.- dije algo interesada. - ¿Han conocido a alguien más en el pueblo?-

- No, Lady Victoria. Nos han invitado en la casa Asher, pero hemos negado la invitación, al igual que en la casa Boyd.- respondió Lord John.

- Interesante.- agrego en voz baja Marianne y yo sonreí levemente.

- Además, se que no tienen título alguno.- con ese comentario, la mirada de todos se dirigió a Paul, que analizaba la situación.

- Sir Paul, ¿Esta usted interesado en los títulos nobiliarios?- pregunte y Sir Paul sonrió.

- Mi estimada Vizcondesa. Hoy en día los nobles solo estamos con nobles.- respondió el con una sonrisa.

- Y si le digo que ellas pueden pagar un buen dote, ¿Cambiaria su opinión?-

- Lady Anna, usted habla como su padre.- interrumpió Lennon, algo interesado.

- Lo sé, total, soy la heredera de esta propiedad, de la del frente y del título de mi padre, Lord Winston.-

Marianne y Lord Fergusson nos miraban y escuchaban atentos. Lord Winston hizo un gesto molesto pero luego sonrió. Era una guerra de nombres.

- Es interesante conocer a una Lady que le interesan estos temas. La mayoría de señoritas, simplemente se esconden en las faldas de su madre, mientras esperan que llegue su príncipe azul.-

- Ya ve, Lord Winston, yo no soy como las demás.-

- Bueno… ¿y si cambiamos el tema?- interrumpió Marianne, al notarme algo alterada.

- Lady Anna, ¿Tiene usted un pasatiempo, aparte de cantar?- pregunto Lord Stewart y yo sonreí.

- Dibujo y pinto. Esas dos cosas son mi vida. Ah, y también escribo.- respondí algo animada. Mi estado de ánimo podía cambiar de repente.

- ¿Y usted, Lady Marianne?- pregunto Sir Paul y Marianne se sonrojo.

- Me gusta tocar el piano y bordar. Y claro, una buena lectura nunca está de más.- respondió mi hermana y Sir Paul sonrió.

- Ustedes dos, son unas señoritas bastante interesantes.- agrego Lennon, provocando el sonrojo de Marianne y un gesto por mi parte.

- Siento interrumpir la conversación, pero creo que es hora de marcharnos.- el callado Lord Fergusson había hablado. – Fue una charla bastante interesante, Lady Victoria. ¿Puedo llamarla asi?

- Solo si yo puedo llamarlo Lord Fergusson.- respondí con una sonrisa y el asintió.

- Entonces, nos retiramos. Señoritas, despídannos de sus padres. Fue un placer pasar el día con ustedes.- Sir Paul espero que Lord Ferguson, Lord Winston, nosotras dos saliéramos de la habitación y el salió detrás. En la puerta, nos despedimos con una reverencia y ellos subieron a su carruaje. Cuando se alejaron de la propiedad, entramos y cerramos la puerta, para después subir a nuestra habitación.

- Fue una charla interesante, Anna.- dijo Marianne, mientras se cambiaba de ropa.

- Lo sé. Nunca había defendido tanto mi estúpido titulo.- respondí y Marianne rio.

- Eso fue lo más interesante… sentí química.-

- Estas loca.- dije y me senté a quitarme el incomodo peinado que tenia. – Lord Winston me cae… mal.-

- Por favor Anna, eso es como decir que yo no le agrado a Paul.-

- Sir Paul, señorita.-

- Paul.- volvió a decir mientras sonreía.

- Louise… no te ilusiones con el Sir. La pregunta de si solo le gustaban los títulos fue para sacarme de una duda.-

- Si me di cuenta pero… me gusta Anna.-

- ¿Y qué opinas de Lord Fergusson?-

- Lo mismo que tu de Lord John.-

- Louise…-

- No me simpatiza Annie… es tan, no se.-

- Tan diferente de Sir Paul. Se me hace mejor persona que él.-

- No me interesa…-

Mientras teníamos esa platica, nos arreglábamos para dormir.

- Anda, vamos a dormir, estoy cansada con tanto teatro.-

- Descansa Victoria… sueña con Lord John.-

- Claro... y tú con Lord Stewart.-

Nos acostamos a dormir y cada una tenía en su pensamiento lo que había pasado esa tarde. Me simpatizaba mucho Lord Fergusson, era algo parecido a mi padre, por lo tanto, se parecía a mí. Pero no podía negar que había algo de Lord Winston que me atraía, y que me empezaba a gustar esta guerra de egos. Sería interesante ver quién iba a ser el ganador en esto.

---------------------------------------------------
(Entra Anna algo apurada porque tiene algo importante que hacer)
Anna: ¡Buenas gente!... Perdón... ¡Buenas gente!
(Marianne, que estaba en el blog sentada tomando té, suspira)
Marianne: Anna, anda a jugar, puedes ir en paz.
Anna: Wiiii... ¡chao gente! (Sale corriendo del blog y entra John)
John: ¿Aun sigue con eso?
Marianne: Si, y parece que no lo soltara aun.
John: Interesante... 
Marianne: Algo...
John: ¿Quieres caminar por ahí?
Marianne: Mi Lord... Si Stewart no viene con nosotros, encantada.
John: El esta con Anna en este momento...
(Marianne mira a John, que en ese momento tiene una expresion celosa)
Marianne: Entonces vamos.
(John asiente y Marianne deja la taza de té en el suelo. Ambos salen caminando del blog y entra Emilie)
Emilie: ¡Marianne! ¡Mi sombrero!... ¿Hola?... ¡Ahhhh!
(Emilie sale del blog y por este, pasa una bola de heno estilo películas de vaqueros)

miércoles, 11 de mayo de 2011

Capitulo 4




El resto de día en casa fue algo aburrido para mis hermanas, ya que debían tomar algunas lecciones de francés y de latín. Yo aproveche mi tiempo libre para dibujar, mientras estaba sentada en el jardín que Michelle cuidaba...

- ¡Victoria! Pero que linda ave… - dijo mi hermana Louise, que veía desde detrás de mi hombro

- Louise, ¿no deberías estar aprendiendo Frances? –

- Oui… -

- ¿Y entonces? –

- Bueno…sentí un ligero mareo y…- dijo haciendo una sonrisa que la delataba, la pobre no sabe mentir –

- Marie…-

- No soporto a esa tutora…- dijo sentándose a mi lado –

- Vamos Marie…ya casi lo dominas – dije – pon un poco de esfuerzo –

- Pero termine la traducción antes de irme mi Lady – dijo Marianne en francés y no pude evitar comenzar a reír –

- La perdonare por esta vez sólo por eso mi Lady…- dije también en francés.

- Y…la cacería – dijo Marianne esperando ver mi reacción

- Si…- dije inexpresiva, sabía lo mucho que le molestaba que hiciera eso.

- Nos han invitado…-

- Si…- dije y intentaba contener mi risa al sentir el enojo de Louise comenzando a aparecer –

- Y… ¿Qué piensas? – dijo más seria –

- Pues, ¿Qué quieres que piense? – pregunte –

- ¡Victoria! –

- ¡Louise! – Marianne se volteó – Louise…- dije en un tono más bajo –

- Habla con tu pájaro – dijo molesta

- Mi querida Marianne…-

- ¡Oh no puedo enojarme contigo! – dijo girándose - ¡No sabes cuanto me emociona que vayamos! –

- Marie…solo cabalgaremos por el bosque, mucho detrás de ellos, claro porque aceleraran para seguir a los perros de caza…y después se perderán cuando encuentren algo, ya lo verás, será aburrido – dije pateando una piedra –

- No te quejes…- dijo la voz de mi hermana Emilie detrás

- Al menos…- dijo Heather

- ¡Ustedes fueron invitadas! – dijeron al unísono –

- ¿Cómo es que lo hacen? – dijo Marianne feliz

- ¿Cómo es que no están en clase? –

- Creo que la comida que le afecto a nuestra querida Marianne nos afecto a nosotras también – dijo Heather mientras Michelle asentía y Marianne les daba unas palmadas felicitándolas, yo me limité a asesinarlas con la mirada

- Aprendimos de la mejor…- dijo mirándome Emilie y las tres me hicieron un saludo militar, no pude evitar reír de nuevo. Sunny llegó.

- ¡Bien! ¡Sunny se nos une! – dijo Emilie feliz –

- Bienvenida – dijo Heather –

- ¿También tienes un mareo? – dijo Marianne guiñándole el ojo –

- La tutora dio por terminada la clase…- dijo Sunny mientras las miraba con desaprobación y los brazos cruzados - ¿Tanto odian el francés? –

- ¡No! – dijo Marianne al mismo tiempo que las gemelas asentían y la miraban extrañadas

- Fuiste la primera en irte Marianne…- dijo Sunny sentándose también

- Lo que odio es la tutora…ya se los dije – dijo mirando una flor,

Nos quedamos en el jardín, charlando hasta que fue la hora de irnos a cambiar para la cena. El resto de la tarde fue más o menos igual que siempre. Por la noche, las gemelas entraron en la habitación junto con Sunny, seguimos hablando, y después las saqué. Abrimos nuestros diarios, y mientras Marianne, como todas las noches llenaba feliz y rápidamente su diario (Dios…debe ser el diario más cursi de Inglaterra…), yo hacía exactamente lo mismo. La llegada a la plaza…el corsé asesino, que por cierto, me vengaría de eso…Lord John…todo daba vueltas en mi cabeza…finalmente fuimos a dormir.

Al día siguiente, nos habíamos levantado muy temprano para vestirnos con nuestra ropa de montar, y Sunny entró para ayudarnos a recogernos el cabello, para poder ponernos el casco.

- Como quisiera ir con ustedes… - me dijo ella mientras me peinaba el cabello, a veces Sunny nos contaba las cosas que pensaba, pero sólo lo decía a una, y no le decía todo a todas, últimamente me las decía más frecuentemente a mí. Miré hacia el espejo, y pude notar que tenía un ligero rubor.

- Después, - dije mirándola – en la tarde, estaremos todos aquí, cenaremos, y lo más seguro es que ellos se queden un poco más a charlar. -

- Es cierto – dijo ella sonriendo

- Te ayudaré a arreglarte y quedarás preciosa – dije girándome ya que ella había acabado de recogerme el cabello

- ¡Oh gracias Annie! – dijo Sunny con una ligera sonrisa

Marianne entró de nuevo a la habitación, levantando cosas, y buscando debajo de las camas. Sunny y yo suspiramos al tiempo.

- ¿Qué es lo que buscas Marie? – pregunté

- Mis botas…- dijo aún buscando – las puse en algún lugar para no estarlas buscando después…las tenía hace diez minutos – dijo revisando de nuevo debajo de la cama

- Marie… ¿no son esas? – dije señalando sus botas, que estaban al lado de la silla donde estaba sentada

- ¿Las deje allí? – dijo confundida tomando una y sentándose en la cama para ponérsela –

- Louise…la frase: “Annie, dejaré aquí mis botas, ¿te molesta?” No te suena a nada – dije imitándola

- Lo olvide…- dijo mientras se incorporaba con las botas puestas.

- Bien olvidadiza, ven a que te peine – dijo Sunny sonriendo a causa de el carácter distraído de Marianne.

Cuando estuvimos listas, fuimos abajo, donde tomamos unos huevos rápidamente en el comedor, cuando terminamos, salimos con nuestros cascos debajo del brazo. Nuestro padre nos esperaba afuera con un par de yeguas y un caballo. Un mozo de cuadra nos ayudó a montar. La yegua de Marianne, Comet, era blanca, y su cabello era negro. La mía, Thunder, era de un gris perla, y tenía una mancha blanca en forma de rombo en la frente. Mi padre montó también a su caballo que era café, con un cabello café más obscuro.

Los Lords, y Sir Paul, llegaron casi al tiempo.

- Ah…pensé que Sutcliffe no venía – dijo en un tono serio Marianne a mi oído –

- Yo tampoco Louise…- dije sonriendo, mientras la idea para mi venganza llegó y, se tejía en mi mente de una manera muy rápida.

- Conde, Vizcondesa, mi Lady – dijo Paul haciendo una reverencia, provocando que Marianne se sonrojara y yo rodara los ojos, todos nos inclinamos y bla, bla, bla…todo fue horrible hasta que llegó el mozo de cuadra con los perros de caza de mi padre, eran 3 mastines napolitanos, que eran de un gris, que casi llegaba a negro, todos con estrellas blancas en el pecho.

- ¡Vaya! – dijo Lord Stuart – son como los que usaba el ejército romano…-

- Si - dijo Lord Patrick orgulloso – Ellos son Graco, Cayo y Luca -

- ¡Luca! – dije emocionada, el mastín corrió hacia mi y saltó al lado de Thunder, lo que hizo que Lennon sonriera.

- Bueno caballeros – dijo sonriendo mi padre, Lord Patrick, y llamó de nuevo a Luca – si nos ponemos en camino…- dijo, y todos comenzamos a cabalgar, nosotras detrás de ellos. Cuando llegamos al bosque, soltaron a los perros, que comenzaban a olfatear. Sir Paul, Lord John y mi padre sacaron sus escopetas y estuvimos cabalgando una media hora hasta que vimos un venado a lo lejos, que al vernos comenzó a correr, cuando se dio la orden, los perros comenzaron a correr siguiendo su rastro y Paul, John y mi padre los siguieron, aumentando la velocidad. Stuart se quedó cabalgando tranquilamente con nosotras. Sonreí.

- ¿No participará o si? – le dije haciendo que Thunder empatara con su caballo –

- No, de hecho el venir aquí no estaba en mis planes, Lady Anna. No me gusta la cacería. Pero, Lord John y Sir Paul me pidieron que viniera. Y dada la agradable conversación que sospecho que podríamos tener, y la excelente compañía, tuve que aceptar, pero me quedaré por aquí una temporada…- Marianne cabalgaba al lado mío y bufó en voz baja.

- ¿Y usted a que se dedica? – dije ignorando los quejidos de Marianne –

- Bueno, estudie leyes en Cambridge, al igual que Sir Paul McCartney –

- ¿Leyes? – dije –

- Si, - dijo – quería ejercer en Londres, pero mi familia me dijo que viniera –

- ¿Qué pensarían de un Duque que este en los juicios? – dije sarcástica –

- Exacto. – dijo el – pero no me importa…después de estar aquí una temporada, - dijo mientras, yo mire a Marianne, quien veía los colores de los árboles – y me iré, sin importarme lo que me digan. –

Sonreí con esto, Stuart era una persona auténtica. Al poco tiempo, regresaron felices, traían al venado. Lord John lo había atrapado. Querían atrapar otro, así que continuamos cabalgando. Sir Paul charlaba un poco con Louise. Pasó una parte del día y paramos en un claro para comer un bocadillo. Me senté junto a Marianne mientras los caballeros hablaban con mi padre. Comimos un poco de fruta y pille a Marianne mirando a Paul en repetidas ocasiones.

- Lady Victoria – dijo Lennon mientras me levante por un poco de agua – ¿Disfruta el paseo? –

- Ya le he dicho, mi Lord, que me llame por mi primer nombre –

- Pero puede contestar mi pregunta, ¿o no mi Lady?

- Si gracias, hace un día estupendo. – dije alejándome de el.

Recogimos nuestras cosas, y continuamos la cabalgadura. Paul atrapó un venado y volvimos a la casa. Mi madre estaba en la puerta.

- Victoria, Louise – dijo – vayan a cambiarse para la cena.

No es que tuviéramos una boutique en nuestros roperos, y que por eso nos cambiáramos tanto de ropa. La ropa podía repetirse, pero debía ser de distinto tipo, un vestido casual para la tarde, un vestido formal para la cena, ropa de montar si salimos a montar, y claro, si vas a un baile, el vestido más despampanante que puedas encontrar, mejor que el de Jane Asher o Patricia Boyd si se podía.

- Nosotros también nos retiramos para cambiarnos – dijo Lord John y se dirigieron a su carruaje, que según mi mamá nos dijo adentro llevaba dos horas allí.

Arriba, nuestras hermanas nos esperaban emocionadas.

- Y, ¿Cómo estuvo? – dijo Heather

- ¿Qué les dijeron? – preguntó Sunny

- Volverán para la cena, ¿verdad? – preguntó Emilie

- No saben como estuvo mamá todo el día – dijo Sunny riendo – de arriba para abajo, gritando a los sirvientes.

- ¡Pulan la plata! – dijo Heather imitando el tono de voz de mamá

- ¡Hay polvo en el piano! – dijo Emilie con el mismo tono de voz

- ¿Pi…piano? – dijo Louise – No pensara mamá el ponerme a tocar –

- Pero si tocas muy bien, y tienes una voz preciosa – dijo Sunny – ya te lo hemos dicho –

- Pero…- dijo Marianne – pero…me verían –

- Esa es la idea – dije tomándola por los hombros – ¡vamos, a cambiarnos! –

- No, díganos como estuvo – dijo Sunny tomándome del brazo para no dejarme ir a la habitación –

- Horrible…- dijo Marianne – solamente cabalgamos todo el día… -

- Sólo lo dices porque no te agrada Stewart Sutcliffe…- dije para molestarla

- Ya te dije que es raro – dijo

- Para mi que es capricho tuyo Marie…- dijo Sunny –

- ¿O no será que? – dijo Heather sonriendo y Emilie se le unió en lo siguiente - ¡Te gusta! –

- Ay por Dios – dijo Marianne – claro que no porque yo…- dijo antes de detenerse en seco y sonrojarse – porque el es… -

- ….porque es muy diferente – dije completando su frase antes de que se echara de cabeza. – Ahora si, nos vamos a cambiar. - Empuje a Marianne hasta la puerta y la cerré

- Porque…porque te gusta Sir Paul – dije y cuando dije esto, la cara de Marianne se puso como un tomate y comencé a reír, a lo que ella se me unió.

- ¿Soy tan obvia? – dijo mordiéndose el labio por la preocupación. Gesto que yo saqué de mi padre y ella aprendió de mí.

- Yo te conozco Louise…- dije tranquilizándole.

- ¿Y… te gusta Lord Fergusson? –

- No…- dije – simplemente creo que se parece a papá. Me cae bien. –

- ¿A papá? – dijo Marianne reflexionando – no le veo el parecido…pero bueno, parece que no se quedará tanto tiempo aquí. Terminamos de vestirnos en silencio. Y cuando nos arreglábamos el pelo, tocaron nuestra puerta.

_________________________________________________
(Anna y Marianne estan sentadas en la rama de un arbol grande, entran John y Stewart)
John: Lady Anna, una Lady no debe subirse a un árbol
Anna: ¿Y quien va a impedirmelo?
John: ....vaya que es usted terca
(Anna sonrie y John empieza a subir el arbol)
Marianne: ¡No! ¡Bajese! Ahhh!!!
(Marianne cae de la rama  y Stewart la atrapa) 
Marianne: Lord Stewart....
Stewart: Lady Marianne..
Marianne: Lord Fergusson....
Stewart:....Lady...
Anna: ¡Oh vamos! ¡YA NOS SABEMOS SUS NOMBRES!
John: ¡Besense y ya!
Marianne: ¡Suelteme ahora Lord Stewart!
(Stewart la suelta)
Stewart: Y volvemos a Stewart...
(Marianne se va indignada)
John: Ve por ella Fergusson....
(Fergusson lo mira enojado y sale del blog)
John: Mi plan maestro a funcionado mi Lady, ahora estamos solos...
Anna: ¿Plan?
John: Si mi Lady....
Anna: ¿Y ahora?
John: ¡Presentar yo el capitulo!
Anna: Lennon...sigo aqui...
John: ¿Y que cree que hare después de presentarlo?
(Anna se sonroja)
Anna: Bueno....presentelo....
John: ¡Ojala y les guste....mi Lady aun planea su venganza!!
(Anna rie)
Anna: ¡Gracias por comentar!