jueves, 21 de julio de 2011

Capitulo 11


Después de ese encuentro, que preferiría olvidar, llegue a casa. Hubiera dado cualquier cosa para que mi casa fuera normal por un día, pero no, la vida es tan injusta conmigo, que… bueno, mi casa era un caos esa tarde. En la sala del té, se encontraba Sunny llorando, y Marianne tratando de consolarla, teniendo en su rostro un gesto de tristeza y satisfacción al tiempo. Louise no podía ser más extraña, porque no era yo. Camine directo a la sala de estar, donde las mellizas junto con el Coronel Starkey y Lord George, escuchaban algo entretenidos la conversación de mi padre con Lord Fergusson. Todo sería lindo y perfecto, sino fuera porque los cuatro empezaron a reír, cosa que molesto a mi padre e hizo que se retiraran. Sonreí levemente al ver la escena y camine hasta el jardín trasero, donde Sir Paul se encontraba sentado en una de las sillas que miraban hacia el terreno Ferdinand. Me acerque a él y me senté a su lado. Al notar mi presencia, el Sir sonrió y suspiro pesadamente.

-Mi estimada Lady. ¿Cómo le fue en el encuentro con Lennon? – pregunto sin despegar la mirada de un viejo peral del jardín.

-Pudo ser peor, mi querido Sir. – respondí, guiando mi mirada hacia el peral.

-Supongo. Me voy a Londres en unos días.

-¿Y cuándo será su partida?

-Pasado mañana, mi estimada.

-¿Mis hermanas lo saben?

-Sí, y la menor no lo tomo bien, Anna. –

Me sorprendió al escuchar mi nombre sin un prefijo, pero no me molesto. Al notar mi reacción, el Sir se sintió un poco más cómodo y dejo de ver el peral, para ahora dirigir su vista a mí.

-Puedo suponer lo que piensa de mí. No quiero aprovecharme de ninguna de sus hermanas. Mis intensiones con Susan son serias, Anna. Tan serias como las de John con usted.

-No pienso nada de usted, Paul. Y las intensiones de Lennon, es lo que menos me interesa en este momento. Entonces… ¿está interesado en Sunny? –

Sir Paul sonrió levemente y asintió. Si estaba sonrojado, sabía como esconderlo.

-Regresare para la primavera.

-Paul, puede regresar cuando desee. Y puede ser huésped de nosotros. Sabe que mi padre no tendría problemas con eso.

-Lo sé. Gracias Anna. Creo que es hora de retirarme. –

Asentí levemente y los dos dejamos nuestro asiento para regresar a la casa, donde mi madre gritaba para que las mellizas se cambiaran de ropa. El Coronel y Lord George se encontraban en la entrada de la casa, esperando a que Lord Fergusson finalizara su reunión con mi padre, y al notar que yo me acercaba con Sir Paul, sonrieron de forma cómplice entre ellos. Podrá sonar muy salido de mi época y también inapropiado, pero me sentía cómoda estando con ellos. Dos minutos después, Lord Fergusson salió de la sala de estar junto con mi padre, los acompañamos a los coches y ellos partieron a la propiedad Lennon.

Si el día hubiera finalizado normal, habría agradecido eternamente y también ido a la iglesia con gusto. Pero Sunny lloraba, Marianne se comportaba de forma extraña, las mellizas secreteaban entre ellas, mi madre seguía pensando en las bodas de sus hijas y mi padre se encerró en su despacho. Después de eso, no paso nada interesante en casa, ni en el pueblo.

Tres días después de que Sir Paul regresara a Londres, Emilie recibió una carta del Coronel, donde él se excusaba por no poder despedirse de ella y explicándole que había sido llamado nuevamente al ejercito. Michelle en cambio, recibió una corta visita por parte de Lord George, que tenía que regresar a la India por asuntos del gobierno. Lord Fergusson decidió quedarse en Meryton y ser el abogado de mi padre, ayudándolo en un asunto legal con una propiedad que mi padre poseía cerca de York, y que los herederos de los antiguos dueños reclamaban como suya. Cosas de hombres y que no me interesaban, pero disfrutaba de la compañía del Lord en sus tiempos libres.

Sunny, por su parte, fue invitada por la familia Powell a un viaje a Londres, que ella acepto gustosa y que para Marianne, fue un golpe bajo. Sunny partió tres días después de la invitación, con la esperanza de encontrarse con Sir Paul. Marianne lloro dos días seguidos, rogándole a mi padre que la enviara a Londres también; pero él tenía otros planes para nosotras. Debíamos aprender de las propiedades de la familia antes de que finalizara el año.

Y así finalizo el otoño. No volví a reunirme con Lord Winston en secreto, y rara vez visitaba nuestra casa. Admito que extrañaba sus conversaciones, pero mi orgullo podía más que eso. Y lo hacía, evitaba cualquier contacto con Lord John.

“Estimada Victoria:

Hoy caminando por el distrito comercial de Londres con la señorita Cynthia, nos encontramos con Sir Paul McCartney, que caminaba con una joven. Le calculo la edad de las mellizas. Tiene un parecido con Lord John, así que supongo que sería su hermana. No pudimos hablar con ellos ya que iban al otro lado de la calle; además de que es de mal gusto perseguir a la gente. Dale mis saludos y un abrazo a mis padres, y como siempre, te pido que por favor no le des noticias mías a Marianne. No sé como tomaría ella esta noticia. Espero que escribas pronto contándome como van las clases.

-Sunny.”


Sonreí levemente al recibir noticias de Sunny, e inmediatamente escondí la carta; aunque igual, sabía que Marianne las encontraba. Baje y le di la noticia a mi madre y mi padre salió del despacho junto con Lord Fergusson y se retiro, dejándome sola con él.

-¡Victoria! ¡Esta con Paul! – grito Louise diez minutos después de que yo bajara. Suspire y mire la cara de Lord Stewart, que me miraba confundido.

-¿Noticias de Susan? – pregunto algo desanimado, a lo que respondí asintiendo. – Paul escribió hace unos días. Sabe que está allá. También cuida de la pequeña Lennon.

-Lord Fergusson ¿No le molesta esta situación? Digo… mi hermana es tan distraída que…

-No, para nada. Si estamos destinados, algún día ella se dará cuenta y… bueno, ya sabe lo demás.

-Vivimos un cuento, mi querido Lord. –

Stewart asintió y se acerco un poco a mí, mientras yo sonreía levemente pensando lo que acababa de decir. Marianne bajo las escaleras y al vernos cerca, limpio su garganta llamando nuestra atención.

-Por lo menos, déjale en claro las cosas a John, Victoria.

-Lord Fergusson… ¿No le huele a celos?

-Cállate Anna. Y usted, Lord Stewart ¿No tiene otra cosa que hacer, aparte de estar en nuestra casa?

-Marianne…

-No. Anna, no tengo porque aguantar que Susan esté en Londres. No es justo… -

Al finalizar, regreso sus pasos a la habitación, dejándonos a Lord Fergusson y a mi nuevamente solos.

-Creo que pierdo mí tiempo, Anna. Esta más que claro que ella no siente nada por mí. –

Iba a responderle, pero en ese momento mi padre regreso y los dos entraron nuevamente al estudio. Era una situación incómoda, pero sabía que Louise sentía algo por Lord Stewart, y ya sabía cómo hacer que se diera cuenta y a la vez, como vengarme. El juego recién comenzaba y ya estaba interesante. 

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(Entra Anna con ropa moderna.)
Anna: Buenas gente. Sé que tarde mucho en publicar, pero el bichito de la inspiración tardo mucho en picarme y... bueno, también estuve de vacaciones y blablablá... ¡fueron geniales! Espero que les guste el capitulo y...
(Lennon aparece en escena por detras y cubre los ojos de Anna)
John: Tenemos que hablar... ¿Donde estabas y con quien? 
Anna: ¡Gracias por leer!... Vámonos.
(John y Anna salen del blog, él cubriéndole los ojos aun)

martes, 21 de junio de 2011

Capítulo 10.


-¡No me odies Vicky! – fue lo primero que dijo Louise cuando nos quedamos solas en la habitación después de llegar casa – yo lo siento, pero…-a la

- Pero – dije sonriendo comprensivamente – debes de dejar de lanzártele a Sir Paul a cada oportunidad que tienes Louise – dije quitándome los molestos pasadores del cabello.

- Pero…- dijo ella – lo que dije…yo…-

- No te preocupes por eso Marie…- dije ayudándole a desabrocharse el corsé – ya sé cómo me pagarás eso…-

- ¿Ah, sí? – dijo ella girándose

- Si – dije yo tirando de uno de sus rizos – además, no estoy molesta porque sé que lo hiciste para llamar la atención de…-

- ¡Y para que te des cuenta de que Sir John es perfecto para ti! – dijo ella tomando mis manos y poniendo una cara soñadora – te dije que no pensaba que eras una no se qué, él te respeta querida Victoria…-

- Baja ya de tu nube Marianne, - dije soltando mis manos – y deja de decir eso, tienes suerte de que no esté molesta, y que no añada esto a tu lista… -

- Bien – dijo ella mientras se ponía la ropa de dormir - ¿Pero qué es lo que debo hacer? -

- Distraer a mamá, papá, las mellizas y a Sunny durante…no lo sé… ¿una hora y media mañana? – dije sonriendo con satisfacción

- ¡¿Qué?! ¿Mañana? – dijo Louise preocupada

- Me metiste en un enredo, me sacarás de otro – dije subiendo los hombros y poniendo cara de indiferencia

- ¿Y me dirás porque? – dijo ella poniendo una cara de tristeza irresistible, que me hizo odiar el quererla tanto.

- Está bien Louise, pero si vuelves a decir algo, o a sugerirlo, o si quiera delatarme con una mirada, o una risita…- dije seria – revelare que te gustaba el antiguo reverendo, y porque se incendió el salón de los Asher. –

- No hermana, - dijo ella preocupada – por favor…sucede vi a Paul y… -

- Sir Paul para ti –

- Bueno, vi a sir Paul y…no sé que me…-

- Pues debes aprender a controlarte Marianne – dije yo sentándome en mi cama

- ¡Sí! ¡Lo prometo! – dijo ella extendiendo el dedo meñique, y yo junte el mío con el de ella. Después le conté lo de la dichosa reunión en el bosque.

- ¿Crees que te proponga matrimonio? – dijo Marianne saltando

- No lo se Louise…- dije sin ganas de discutir – mejor vayamos a dormir, ¿Si? Además…tienes que pensar en que harás mañana para distraer a todos – y mientras, yo decía esto, ella se acostó y se tapó con las sábanas.

- Si…- dijo ella quedamente, y en unos segundos se durmió. Yo, me giré impresionada por la habilidad que tiene de dormir en donde sea, y cuando sea, y en unos minutos, me uní al sueño.



Al día siguiente, Louise dijo algo en el desayuno que hizo que mi madre se atragantara.



- Padre, he estado practicando en el piano últimamente, un poco más de lo normal, y quisiera pedir tu consentimiento para algo –

- Has practicado bastante Marianne – dijo mi padre – y has mejorado mucho, te escuchamos –

- Gracias padre – dijo ella sonriendo – he pensado, y quisiera participar en el concurso para ingresar en el…-

- ¡Lady Louise Marianne Ferdinand! – dijo mi madre – nuestra principal prioridad es que te cases…y…-

- Pero madre – dijo ella con los ojos de cachorro más grandes que he visto – realmente amo la música. –

- Y eso es….¿qué? ¿Últimamente? – dijo ella – siempre vas de una cosa a la otra…-

- Madre, padre permítanme tocar hoy para ustedes…- dijo ella – algo serio…las cuatro estaciones de Vivaldi, así verán lo mucho que lo amo – dijo dirigiéndome una mirada significativa y yo entendí.

- ¿Por qué no la escuchas padre? – dije yo – además, pasaríamos un rato agradable –

- ¡Sí! Marianne en el piano – dijo Michelle

- ¡Marianne en el conservatorio! – dijo Emilie y ambas aplaudieron

- Pero hijas…no creerán que…- dijo mi madre

- Ella tiene talento…- dijo Sunny que miraba a Marianne – si practica y lo cultiva… -

- Entonces llegaré a ser la mitad de buena de lo que eres tu haciendo retratos Susan – dijo Louise sonriendo

- Bien hijas – dijo mi padre – hoy escucharemos a Marianne.

- ¡Sí! – dijeron las gemelas a coro.

- ¡Niñas! – dijo mi madre



La mañana pasó volando y faltaban 20 minutos para la dichosa reunión y para que Marianne tocara en el piano. Acabábamos de llegar a un cuarto contiguo al salón, que era una pequeña sala para recibir visitas más privadas, o por si el salón estaba ocupado. No podía decir cuál de las dos estaba más nerviosa.



-¿Y cómo saldré? – dije cuando llegamos ahí

- Un mensajero acaba de traer esto – dijo extendiéndome una nota, con su mirada fija, y con un tono que sugería, que eso es lo que debía decir. La nota tenía el puño y letra de la señora Powell, invitándome urgentemente a su casa un par de horas, ya que debía decirme asuntos importantes

- ¿Pero cómo? – dije desconcertada

- Tu confía – dijo Marianne guiñándome el ojo – y ve por tu John –

- Tú mejor, concéntrate en lo que tocarás para papá – dije y ambas nos pegamos a la delgada pared, porque escuchamos la voz de mi padre.



- Pase milord, - dijo la voz de mi padre, ¿Pero qué diantres? – Lady Marianne está a punto de interpretarnos a Vivaldi –



- ¿Vivaldi? – dijo animada la voz que reconocí como de Lord Stewart y quise ahogar una risa cuando Marianne bufó.

- ¿Qué hace aquí? – dijo susurrando molesta

- Es uno de los favoritos de Stewart – dijo la voz que tenía un acento extranjero, que reconocí como de Lord George.

- ¿Y qué tocará? – dijo una voz que no logré identificar

- Las cuatro estaciones – dijo mi madre

- Pero eso dura…-

- Mucho, si…- dijo mi madre, pero se ha metido en la cabeza que quiere tocar en Londres….-

No seguimos escuchando, porque salimos por la puerta detrás del salón y fuimos a la cocina, para fingir que acababa de arribar la nota. Entramos al salón donde estaban, y vi a Lord Fergusson, Lord Richard y Lord George; junto con mis padres. Mi madre estaba muy feliz y ocupada como para prestarme demasiada atención cuando dije:



- Madre, llegó esto - y ella alargó el brazo para leer la nota

- Vaya…- dijo ella – deberías ir con ella ahora mismo Anna… es una lástima – terminó alzando la vista del papel, y yo asentí. Cuando salí me crucé con las mellizas que se asomaban felices, y ya se habían cambiado.

- ¿Está el coronel? –

- ¿Está Lord George? – dijeron al mismo tiempo

- Elegantes y apuestos – dije sonriendo y ellas corrieron al salón.

- Ten cuidado Anna, - me dijo Sunny sonriendo casi cuando salía por la puerta.

- Gracias Susan – dije saliendo por la puerta principal



Llegué rápidamente al angosto trecho que no tenía cerca para ir al patio de atrás y comencé a caminar entre el pasto, que después, se fueron convirtiendo en árboles cada vez más espesos. ¡Benditos vestidos victorianos, para lo que servían!

Llegué al lugar que separaba la propiedad de mi padre, con la de sir Paul, puedo reconocerla por los dos descomunalmente enormes pinos que están casi juntos, y sus raíces casi llegan a tocarse, pero no lo hacen. Cada uno en uno de los terrenos de las respectivas familias.

Me acerqué a uno de los pinos, el que estaba en “nuestro lado”, y entonces lo vi. La luz del sol llegaba detrás de él. Su cabello rubio oscuro, generalmente cubierto por su sombrero, ahora tenía un resplandor alrededor de él, provocado por el efecto de la luz. Al sentirme sola, y verlo acercarse, mi corazón comenzó a palpitar más rápido de lo normal, alocado y me hacía saber cada latido, subiendo el volumen.

Lord Winston se veía más cerca y pude apreciar sus ojos claros, y su sonrisa cínica, ¿Porqué tenía que hacerlo tan lento?, ¿Por qué me parecía eterno que tardara unos metros en acercarse? Una molesta voz, me dijo que fuera a su encuentro. Pero Lady Anna Victoria no iría a su encuentro. El debía llegar aquí.

Lord Winston se recargó en el pino.

- Mi Lady – dijo haciendo una exagerada reverencia.

- Mi Lord – dije imitándolo

- Sabía que no faltarías a tu promesa, Victoria – dijo acercándose e instintivamente me moví hacia atrás.

¿Es que todas las Annas dentro de mi no podían ponerse de acuerdo? Tomé una rama del pino y comencé a buscar con ella y con sus hojas.

- ¿La arrancarás? – dijo el observándome

- No - dije yo soltándola y mirándolo

- ¿Por qué estás tan nerviosa Victoria? –

- No estoy nerviosa, y ya le he dicho que no me hable así –

- ¿Así como? – dijo el acercándose de nuevo, y entonces yo me moví a mi derecha, aún pegada al árbol.

- Con tanta familiaridad milord –

- Creí que ya habíamos aclarado eso – dijo el acercándose de nuevo y yo me moví de nuevo a la derecha, pero él siguió caminando también, entonces, yo también seguí y comenzamos a rodear el árbol.

- Anna, ¿podrías dejar de hacer eso? –

- ¿Qué? – dije aún caminando, pero no lo escuché más. Me detuve porque me preguntaba dónde estaría, y vino por el lado hacía donde yo estaba caminando. Al tomarme por sorpresa, no tuve tiempo de reaccionar y me vi atrapada entre el grueso tronco y sus brazos.

- ¿Qué es lo que quiere milord? – dije - ¿Porqué estoy aquí? –

- Sólo quiero saber si usted tiene el remedio para lo que me pasa…-

- ¿El remedio mi Lord? – dije mirándolo extrañada

- ¡A lo que me ha hecho! ¿Qué me has hecho Anna? – dijo el mirándome con sus brillantes ojos, de los que yo no podía apartar mirada, aunque así lo quería. Al igual que quería salir huyendo de ahí, y correr como nunca lo había hecho antes. Pero, mis pies parecían clavados entre esas raíces, mis piernas parecían tallos de lirios, que en cualquier momento se doblarían, y sin embargo, estaban allí, estáticas.



Lord John puso una mano en mi mejilla, y sentí de nuevo mi corazón, desbordado, intentando avisarle a él, a todo el mundo, que estaba allí. La sangre comenzó a subir por mis venas, y pronto, mis mejillas estuvieron de un color escarlata.



Winston sonrió complacido. Yo me molesté. Anna Victoria Ferdinand no es débil, y no lo ha sido nunca. Giré mi rostro hacia el lado, perdiendo el contacto con su mirada y con su mano. El rubor desapareció, al igual que los nervios.



- Eres hermosa y glacial como el invierno - dijo la voz de John - fuerte, decidida. Pero, también es suave y protector, con un manto de blancura. Las noches del invierno son las más hermosas, y cuando se ven las constelaciones más maravillosas. - No sé cuando fue el momento cuando lo miré de nuevo, al escuchar lo que decía - Aún la aurora boreal, sólo se puede ver una vez al año, en la cima del cielo, allá en el fin del mundo....-



¿Sería cierto lo que él decía?

¿Sería yo tan fría?

Sus palabras me extasiaban y me dolían al mismo tiempo.



- Muchos dirán que eso es malo, tanto hielo, pero el invierno también tiene los fuegos más intensos, esperando por prender y dar una calidez como no hay otra, ¿Será el invierno un pretexto de la naturaleza para intentar acercarnos más? , ¿Para recordarnos que estamos vivos?- Bajé mi mirada, rompiendo una vez más el contacto que tenía con sus ojos – Tu tienes ese fuego dentro de ti, Anna en tus ojos - dijo él, y subí mi mirada de nuevo.

John me miraba intensamente al decir esto, y entonces caí en la cuenta de que mi cuerpo temblaba, ¿Tendría la misma expresión que él?



Una ardilla bajó del pino, y se fue corriendo rápido, adentrándome de nuevo en el mundo, que seguía su curso. ¿Cuánto tiempo llevábamos ahí? El sol se había movido de donde estaba cuando hubiera llegado.

- ¿Qué es lo que quieres? – dije sin poder hablarle de usted

- Sólo quería verla miladi – dijo el separándose de mi – es libre –



Con estas dos palabras, mis pies recobraron su movilidad, pero mis piernas eran gelatina, así que tropecé, y para mi gran suerte, el me sostuvo entre sus brazos.



- Debe tener más cuidado miladi – dijo el volviendo a su tono burlón y petulante. Me incorporé molesta.

- Lo intentaré – dije sacudiendo mi vestido – ahora milord, -- dije haciendo una reverencia – mi familia me espera – me giré sin esperar su respuesta, y salí de allí a zancadas.



Invierno, hermosa y fría…Lord Winston realmente me había sorprendido, ¿Le diría lo mismo a todas las mujeres en Londres? Algo me decía que no. Sonreí pensando en esto mientras cruzaba el corto estrecho que no está cercado en nuestro jardín.
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Bueno....Annie esta de vacaciones.....ehm....no tengo ganas de escribir una firma graciosa....espero que les guste! Las quiero mucho! Gracias por leer...!! n.n

jueves, 9 de junio de 2011

Capitulo 9


¿Hay algo mas fastidioso que mi madre buscando vestidos elegantes en nuestros armarios para la cena? Si, probarnos esos vestidos para darle gusto.

Ese fue el plan del resto de día, y cuando llego la hora de la cena, habíamos sacado tantos vestidos que no le dio importancia lo que llevábamos para cenar.

Después de la cena, nos sentamos en la sala de estar para leer y escuchar a Marianne en el piano. Desde la vez que había tocado para los Lord y el Sir, había mejorado notoriamente, cosa que me sorprendió, ya que para ella era solo un hobbie. Mi padre fue el primero en retirarse de la sala de estar, seguido por Sunny y las gemelas. Mi madre se quedo dormida en el sillón y tuve que despertarla y acompañarla hasta su habitación.

Cuando llegue a mi habitación, Marianne cepillaba su cabello y tarareaba la canción que estuvo tocando en la sala de estar. Sonreí levemente y me cambie de ropa a mi pijama. Louise volteo a verme y sonrió igual.

- Lord John ha sido amable con cubrir nuestra travesura.

- Dios, Marianne… ahora de debo un “favor”

- ¿Qué ira a pedirte?

- A saber, pero espero que no sea nada pasado. No permitiré eso.

- ¿Te cepillo el cabello?

- Sería un honor, Lady Louise Marianne. –

Me senté en la cama de Louise y ella se acomodo detrás de mí y empezó a cepillar mi enredado cabello. Parecía que adivinaba cuando lo tenía asi, y disfrutaba jalarlo. Después de desenredarlo, estuvo quieta por unos cinco minutos y después suspiro. Como estábamos frente al espejo, vi su expresión en el reflejo y luego voltee a verla a los ojos.

- Louise, sabes que…

- Lo sé. Pero… es una niña.

- ¿Y?... es como si yo me interesara en Lord George o Lord Stewart.

- Oh hermana, bien puedes con Lord Fergusson, me fastidia la presencia de ese hombre.

- Claro, eso ni tú lo crees.

- Es verdad, y ahora, déjame terminar con tu cabello. –

Asentí levemente y volví a acomodarme como estaba antes. Louise siguió cepillando mi cabello y no sé por qué razón, sonreí al recordar el beso entre Lord John y yo. Me cubrí el rostro con ambas manos debido a que me sonroje, cosa que desconcertó a Louise, que nuevamente dejo de cepillarme el cabello y que cuando descubrí mi rostro, estaba frente a mí con las manos en su cintura.

- Me cuentas ahora en que pensabas.

- No, ¿Me crees tonta?

- O sea, ¿pasó algo y yo no sé?

- Vamos a dormir mejor…

- Lady Anna Victoria Ferdinand, Vizcondesa de Wilton, exijo que me cuentes que hizo que reaccionaras asi. –

Mi hermana podía ser tan decidida que, preferí contarle a ella antes de que llamara a las gemelas para sacarme información.

- Solo si prometes no decirle a nadie. Ni a las gemelas. Mucho menos a Susan.

- Trato. –

Señale una silla, que acerco hasta su cama y se sentó en ella. Tome aire y volví a sonreír cuando el recuerdo del beso volvió a mi mente.

- ¿Recuerdas la fiesta?

- Claro, fue ayer.

- ¿Recuerdas que me perdí?

- Claro, fue el tema familiar en esa fiesta.

- ¿Recuerdas que estuve en la sala de música de Sir Paul?

- Ahm, eso no me consta. Fue algo que dijiste, y que Lord John afirmo. Y se me hace raro porque…

- Porque no estuve en dicha sala de música, y ni sé si existe.

- Entiendo. ¿Qué hicieron? –

¿Por qué mi hermana tenía que conocerme tanto? Eso pasa cuando le das tanta confianza a alguien.

- El contemplo una tonta botella de whiskey casi una hora y luegomeibaaretirarperoélnodejoquelohicieraasiquemearrinconoenelsofáyluegomebeso. –

Louise al escucharme hablar tan rápido, inclino su cabeza confundida, pero con la última palabra, casi grita.

- ¿Y qué tal?

- Pues… no sé. ¿Normal?

- ¿Besaste a un chico y se te hizo normal?

- Pues sí. Nada del otro mundo. Es más, ni entiendo porque la reina lo hace ver como algo malo. –

Si no fuera mi hermana, me hubiera arrestado, encerrado, y decapitado por hablar asi de la reina, pero como es Louise, simplemente asintió y luego cruzo los brazos.



- Entonces, ese fue tu plan en la fiesta.

- No tanto asi, fue lo que resulto… pero, me preocupa que ahora el Lord ese me tome por quien sabe quién.

- Eso, mi querida Victoria, es algo imposible. Se nota que Lord John te respeta.

- Eso espero. O lo hare ver como accidente de caza, jardinería, o lectura. Ahora, jovencita, a dormir. Tienen clases de francés mañana y luego mi madre nos tendrá arreglándonos para la dichosa cena de Sir Paul. –

Louise dejo la silla en su lugar y las dos nos acostamos en nuestras camas en total silencio. Ahm… nos dormimos hasta que la luz del sol llegaba a nuestros parpados, las gemelas, Sunny y Louise se preparaban para su clase de francés y yo salí al jardín para dibujar lo que fuera, luego la maestra de francés se retiro de la casa al finalizar la clase, las gemelas me acompañaron al pueblo para comprar un sombrero que quería usar en la cena, luego regresamos y mi madre estaba histérica porque no estábamos arreglándonos para la cena, mi padre estaba en el despacho, pero no pude ir porque mi madre me obligo entra a la bañera y… fue un desastre.

Iba en el carruaje junto con mi padre, mi madre y Louise. Mirábamos el paisaje del trayecto hasta la casa de Sir Paul. Bah, eran diez minutos en carruaje, asi que me daba igual. En el otro carruaje, las gemelas y Sunny discutían por quien iba con el mejor vestido de la noche y sobre quienes estarían en la cena.



Al llegar a la residencia McCartney, el Sir, junto con los Lord y el Coronel y dos personas nuevas nos esperaban en la entrada de la casa. Mi padre fue el primero en bajar y se acerco a los caballeros para saludarlos. Luego mi madre, Louise y yo bajamos, y las menores tuvieron que esperar a que mi padre las llamara.

Después de ser presentados todos con todos, entramos a la casa y esperamos en la sala de estar a que el mayordomo nos llamo para pasar al comedor.

Era gigante. Me sorprendió ver una mesa tan grande, y no pude evitar cuantos arboles murieron para cumplir el capricho de Sir Paul. Suspire y tome asiento donde el mayordomo me indico. Frente al abuelo de Paul. Sonreí levemente cuando el se sentó frente a mí y luego tomo el tenedor y el cuchillo y espero a que los sirvientes de la casa empezaran a servir.



- Y dígame, señorita Ferdinand – empezó a hablar el abuelo de Paul mientras me miraba – ¿Está usted comprometida?

- No señor. Aun no, y dudo estarlo en mucho tiempo. – respondí mirándolo a los ojos, parecidos a los de su nieto.

- ¿Y no le gusta ninguno de los jóvenes aquí presentes? – volvió a preguntar. Casi escupo lo que comía en ese momento.

- La verdad, Señor, no, no me gusta ninguno.

El abuelo McCartney miro ahora a Louise, que me miraba mientras ahogaba la risa.

- Y usted señorita, ¿Le gusta mi nieto? – Louise volteo a mirar al abuelo, cosa que él hizo que sonriera.

- No señor. – respondió ella secamente y regreso sus ojos al plato de comida, tratando de no sonrojarse.

Parecía divertirse, asi que siguió con las preguntas a Michelle, que coqueteaba con Lord George con solo la mirada.

- Lord George, ¿Pedirá la mano de la chica? – pregunto animado, cosa que hizo que mi madre sonriera triunfante y que mi padre se golpeara la frente con la palma de la mano.

- Señor, la señorita aun no está en edad de casarse.

- Es una pena. Se nota que ustedes dos se gustan. – Michelle al escuchar me miro pidiendo ayuda, pero yo simplemente levante mis hombros y seguí con mi comida.

- ¿Abuelo, puedes dejar a las jóvenes cenar tranquilas? – interrumpió Paul para alivio de todos los presentes. El abuelo asintió y regreso a su comida, que comió gustoso.

La cena finalizo sin más preguntas del Abuelo McCartney, cosa que agradecí en lo más profundo de mí ser. Lord John nos invito al salón de té para… tomar té y hablar.

De nuevo, sentadas en esa sala, mirando el decorado y escuchar a mi padre hablar con el tío y el abuelo de Sir Paul sobre como la reina dirigía al reino. Blablablá. Mientras tomaba mi té, analizaba la expresión de los presentes. Sir Paul bostezaba disimuladamente, Lord Stewart miraba a Louise, que miraba a John, que sonreía con las expresiones de las gemelas, que se quedaban dormidas, a las que también el Coronel Starkey y Lord George miraban y sonreían mientras Sunny suspiraba mientras miraba a Sir Paul. Fue cuando mi madre nos miro y se acerco a mí.

- Anna, llévalas antes de que se duerman. Y no se separen, no está bien visto que una Lady este sola con un hombre.

- ¿Un hombre, madre?

- Los Lord, el Sir y el Coronel las seguirán. –

Antes de que yo respondiera, todos, a excepción del los familiares del Sir y mi padre, se levantaron de su puesto, obedeciendo la orden que mi madre hacia con las manos, y salieron del salón del té. Lord John me esperaba en la puerta. Suspire y salí de la sala seguida de él.

- Oh Sir Paul, ¿Podemos conocer el salón de música? – pregunto Emilie animada.

- Claro, síganme. –

Si, existía el salón de música. Mi hermana era muy oportuna. Caminamos detrás del Sir hasta llegar a una puerta al final del pasillo principal. Era un salón con decorados dorados y rojos, donde había un arpa, un chelo, un contrabajo, dos violines, un piano de cola, y una guitarra española. Las gemelas tomaron de la mano a Lord George y al Coronel Richard mientras nos miraban a los demás.

- Música… - dijo impaciente Michelle.

Sonreí y me senté en una silla que había entre los violines. Tome uno y me prepare para tocarlo (Si, soy una virtuosa.) Sir Paul tomo la guitarra española, Lord John se sentó en otra silla con el violín extra, Louise en el piano y Lord Fergusson con el contrabajo, aunque no sabía tocarlo muy bien.

Louise inicio con una melodía, que seguimos todos mientras que Michelle y Emilie bailaban con Lord Harold y el Coronel Starkey.

Después de dos pistas, nos detuvimos. Las gemelas nos miraron nuevamente algo molestas.

- Lord John, dígame algo – esa era Louise, que sonreía de forma traviesa. – ¿Usted ve bien que la gente se bese? –

Todos miraron a Louise algo confundidos, menos yo, que estaba avergonzada.

- No veo mal que la gente exprese lo que siente, Lady Marianne. –

Louise sonrió con la respuesta de Lord John y dirigió su mirada a Sir Paul. Las gemelas, junto con el Coronel y Lord George, se sentaron cerca de Louise, interesados con lo que venía.

- Sir Paul. ¿Usted besaría a alguna de las presentes? –

Sunny, escandalizada con la pregunta, iba a interrumpir, pero una leve risa por parte de Sir Paul le impidió hacerlo.

- La pregunta que usted me hace esta mal enfocada, Lady Marianne. – respondió el Sir, provocando el sonrojo por parte de Marianne y Susan.

- Yo – interrumpí – opino que un beso es una forma humilde de expresar los sentimientos. Eso sí, no falta quien tome eso como algo pasado de tono.

- Que hermosa respuesta, Lady Victoria. – dijo Lord Fergusson y yo asentí.

- Yo opino que un beso es la forma más bonita que las personas expresan su amor. Claro, eso hasta que se casen. – agrego Michelle, lo que provoco la risa de los caballeros.

- Se nota que saben del tema. – dijo en voz baja Lord John, cosa que solo yo escuche.

- ¿Por qué las preguntas, Lady Marianne? – pregunto el Coronel algo confundido, pero a la vez divertido por la escena.

- Ahm, por algo que me entere. – respondió Marianne y yo volví a sonrojarme. – pero, Sir Paul, no me respondió la pregunta.

- No lo haría, sin el consentimiento de la chica a la que besaría. –

Hubo un breve silencio, que fue interrumpido por Emilie.

- Annie… ¿Tú has besado a alguien?

- ¡Dios, Emilie!, ¿que son esas preguntas? – dijo escandalizada Susan.

- Por favor Sunny, es algo normal.

- Louise, deja de darle razón en todo a las gemelas.

- ¿Lo hiciste? – pregunto ahora Michelle.

La mirada de todos se dirigieron a mí. No me sonroje, porque no podía hacerlo más de lo que ya estaba. Sin querer, asentí, cosa que hizo gritar a mis tres hermanas menores.

- Y supongo que fue con… - dijo Emilie, dirigiendo la mirada a Lord John, que sorprendido, asintió.

- Pero piérdanse una. – dije algo incomoda, dispuesta a huir. Pero la voz de la razón y el orgullo me ordeno a quedarme en ese salón, pasara lo que pasara.

Louise sonrió victoriosa. Yo simplemente la mire y sonreí igual. La venganza es un plato que se sirve frio, y con ella, sería más que un simple plato. Seria litros y litros de helado.

- ¿Algo más? – pregunto incomoda Sunny, que me reprochaba con la mirada.

- ¡Besémonos! – gritaron las gemelas emocionadas, acercándose a Lord George y al Coronel Richard.

- ¡Quietas ustedes dos! – grite, provocando un brinco por parte de ellas.

- Creo que es hora de retirarnos. – dijo Louise, haciendo que los caballeros se levantaran de sus puestos.

- Yo igual, fue muy grata su compañía. – expresó Lord Fergusson, a lo que Louise respondió con una gesto de fastidio disimulado.

- Las acompañamos a la sala con sus padres. – dijo Sir Paul.



Todos salieron del salón de música, menos Lord John y yo. Cerró la puerta antes de que saliéramos y sonrió levemente.

- Su hermana da buenos apuntes, Lady Victoria.

- Lord Winston… mi hermana es una pequeña chismosa. Aunque, la comprendo, nunca había pasado algo asi en nuestra casa.

- Entonces, puedo deducir que…

- No deduzca, es obvio. –

Lord John me miro divertido y asintió. Me estaba gustando cada vez más, pero… soy yo, y nunca lo iba a admitir.

- Me debe un favor, Lady Victoria.

- ¿Qué va a pedir?

- Mañana, después del medio día, en el bosque, espero encontrarla.

- ¿Y por que iría…?

- Porque, mi Lady, es algo que su orgullo la obligara hacer. Noble que se respete, no queda debiendo favores.

- Entonces, nos vemos después del medio día mañana, mi Lord –

Hice una leve reverencia por solo respeto y salí casi corriendo del salón. Mis padres nos esperaban en los carruajes y yo solo sonreí. Subí, los choferes iniciaron con el recorrido, y yo maldije mentalmente a Lord Winston.

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(Entra John y Stewart a escena)
Stu: John... Me siento incomodo.
John: Lo sé. Llevamos mucho tiempo con esta ropa.
Stu: Y bueno... entonces la besaste.
John: Eso, mi querido Stu, es algo obvio... y parece que a ella le gusto.
Stu: Si yo hiciera eso con Lady Marianne...
John: Serias tío toda la vida.
Stu: Auch... ya sera. Estoy seguro de eso, John.
John: Ahora, vamos a reunirnos con Henry, James y Harold, que planearan que hacer para invitarlas de nuevo.
Stu: Esta bien, vamos.
(Salen del blog y entra Emilie)
Emilie: Uhh... ya veo... ¿El Duque y Marianne? esto tiene que saberlo Michelle
(Sale Emilie corriendo del blog, a dirección contraria de los lords.)

miércoles, 25 de mayo de 2011

Capitulo 8.


Era la madrugada del domingo cuando llegamos a mi casa, mi madre nos mando a dormir a todas inmediatamente, ya que debíamos ir a la iglesia. Claro que eso era imposible de pedir a las mellizas que comenzaron a saltar en sus camas. Sunny estaba muy callada pero la sonrisa no se le borraba del rostro, Marianne…ella estaba muy seria, lo que era muy raro, y yo…bueno, yo sobreviviré.

Entramos a nuestra habitación.

- ¿La pasaste bien Louise? – dije sonriendo

- Claro…- dijo secamente y se sentó en su cama. Garabateó unas pocas palabras y dejó el diario de nuevo en su lugar. Esto si que era extraño. Se puso su pijama y se metió en la cama, todo en menos de 5 minutos.

- Descansa Annie…- dijo y no hablo más. Yo moría de sed, y entonces abrí la puerta para bajar por un poco de agua.

Cuando salí al pasillo vi a Sunny con una vela y su diario, sentada fuera de su cuarto.

- ¿Sunny? – le pregunte y ella me miró y se sonrojó.

- Michelle y…Emilie, no me dejaban escribir – dijo disculpándose con una sonrisa.

- Bien, yo iré por un poco de agua – dije, ella asintió y volvió a su escrito.

Volví a la habitación y vi el diario de Marianne, había dejado la pluma en la pagina donde había escrito, entonces, la curiosidad me invadió, ¿Qué querían que hiciera? Leí la frase que escribió y comencé a reír.

“16 de julio

¡Odio a Lord Stewart Fergusson Víctor Sutcliffe!”

Parecía que había impreso más coraje con cada palabra que escribía. Algo había pasado y tenía que averiguarlo. Pensando en esto, escribí de lo ocurrido, y de mi hermoso plan de venganza, del cual hablaré después. El sueño me venció y me dormí.

Me despertó un…¿piano? ¡Si, Chopan sonaba en nuestra casa, acompañado de un grito de mi madre.

- ¡Emilie! –

- ¡Es domingo madre, debemos ir a la iglesia – dijo Emilie aún tocando, asi despertó a toda la familia

- ¿Qué haré con estas niñas…? – decía mi madre, gire la cabeza y pude ver a Marianne lista, lo que era muy raro.

- ¿Te levantaste? – pregunte observándola

- Bueno, ayer me acosté en cuanto pude, así que estoy fresca – y después me quito las cobijas – anda, ven a que te ayude.

Terminamos de arreglarnos y toda la familia fue a la iglesia, el pastor se puso a hablar acerca de el papel de la mujer en la sociedad: Como esposa, como madre, como hija…todo era normal, y monótono, hasta que por la puerta entraron nuestros cinco jóvenes favoritos, claro que yo no me percaté de esto porque Marianne y yo observábamos cabecear con satisfacción a Jane Asher. Así que Heather me propinó un codazo, mientras que Sunny sacudía la mano de Marianne para que volteáramos. Los cinco entraron, y avergonzados por llegar tarde, (claro, todos menos Lord Lennon que se portaba como si todos deberíamos agradecerle por estar allí, y llegar tarde) se sentaron detrás.

El pastor no se inmutó y continuó con su discurso. Pero todas las mujeres, ya fueran chicas atraídas, madres expectantes, o simplemente señoras buscando la novedad, o saber de lo que todas hablaban, dejaron de concentrarse. Vi la expresión de Lennon, parecía que todo eso le gustaba, ser el nuevo centro de atención…la novedad en Meryton…el…

- ¡Annie, por fin se durmió! – susurró feliz mi hermana

- ¿Y porque no miras hacia atrás como todas Louise? – dije, ya que era raro que Louise no estuviese buscando la mirada de Sir Paul –

- Porque no tengo ganas de ver a Lord Engreído – dijo ella mirando aún al frente –…y Paul mira a Sunny – volteé y era cierto Paul miraba con una sonrisa a Sunny, y esta se la devolvía – pero es pequeña, ¿no? – prosiguió Marianne – es decir… -

- Y la mujer, debe en todo obedecer a su marido…- decía el ministro y Marianne fingió escucharlo, ya que mi madre nos miró severamente.

- Sir Paul, Marianne…- dije corrigiendo el que ella lo llamara solo por su nombre, además de que estábamos en un lugar público - , y Susan se presenta a sociedad en diciembre. –

- Lo se…- dijo ella – será una linda fiesta. –

Suerte que la reunión terminó pronto. El ministro nos despidió y fuimos a casa, mis padres fueron a resolver unos asuntos después de comer y las cinco hermanas nos quedamos solas en casa.

- ¿Y ahora? – dijo Sunny quien estaba sentada en uno de los sillones de la sala

- ¡Una excursión a la vieja casa de los rosales! – dijo Michelle sonriendo

- ¡Si! – dijeron Emilie y Sunny al mismo tiempo

- No lo se…- dije temiendo que alguno se apareciera por allí

- ¡Oh, vamos! – dijo Emilie suplicante – quiza sea la última vez… -

- ¡Esta bien! – dije y Marianne sonrió

- ¡Iré por el saco! – dijo corriendo escaleras arriba

Salimos de la casa, y nos dirigimos a la vieja casa de las rosas. Tenía un vestíbulo que nos agradaba mucho. Entramos por una de las grandes ventanas, que estaba abierta.

- ¿Y bien? ¿Qué representaremos ahora? – dijo sonriendo Michelle

- ¡Hamlet! – dije emocionada

- ¡Romeo y Julieta! – dijeron Marianne y Emilie al mismo tiempo

- ¡El mercader de Londres! – dijo Sunny

- Bueno, hagamos papeles – dijo sonriendo Michelle, y Sunny escogerá el papel. Todas lo hicimos y los pusimos en el sombrero de Emilie.

- Romeo y Julieta – dijo Sunny leyendo el papel que había sacado.

- ¡Bien! – dijeron Marianne y Emilie –

- Bueno, repartamos los papeles – dije

- ¡Pido a Romeo! – dijo Marianne casi gritando

- Haremos un sorteo Louise…- dije riendo – así será justo.

- Bien – dijo ella riendo

Así que metí los personajes en el sombrero y comenzó Emilie a sacar papel.

- ¡Seré…Capuleto, madre y fraile! - dijo sonriendo

Michelle, que estaba impaciente, sacó el próximo.

- ¡Seré nana, Capuleto…y el boticario!, pero si yo quería ser Julieta…-

- ¡Veamos….Annie! – dijo Louise sonriendo y pasándome el sombrero –

- Bien…- dije tomando el papel y desdoblándolo - ¡No! ¿Julieta? – dije mirando el papel – Ahh…-

Marianne tomó emocionada el sombrero, sólo quedaban dos posibilidades, y la que ella quería era una de esas.

- Mercucio…- dijo mirando resignada el papel, - bueno, al menos moriré trágicamente – dijo y todas reímos por eso

- Lo que quiere decir que…- dijo Emilie mirando a Susan - ..eres Romeo…-

- ¿Romeo? – dijo ella – pero…es un chico –

- Si…- dijo Michelle - ¿y?-

- Pero es una vergüenza…- dijo Sunny – no quiero…-

- Fue un sorteo Sunny – dijo Marianne mirándola suplicante -

- ¡No quiero! – dijo ella – es más, me regreso a casa. –

- Bien…- dijo Emilie – pero es la ultima vez que estaremos aquí –

- Ya les dije que la casa es muy ostentosa – dijo Sunny mientras salía – no me gusta. Las veré después. –

Emilie hizo por detenerla, pero la detuve.

- Deja que se vaya, ella no quiere…- dije

- ¿Entonces puedo ser Romeo? – dijo feliz Marianne

- Si Marie…puedes ser Romeo – dije riendo

- ¡Si!! –

Sir Paul, junto con Lord John que quería mostrarles la casa a Lord Stewart, Lord Richard y Lord George, quienes no la habían visto, estaban viendo la entrada. Stewart examinaba unas herrerías cuando escucho una voz.

- ¡SI!! – escucho débilmente

- ¿Lady Louise? – pregunto extrañando mirando hacia el origen del sonido, ¿Sería posible que estuviera allí? Lord John también miraba hacia el mismo punto, así que sigilosamente abrieron la puerta, y escaleras abajo vieron algo que los dejó sorprendidos.

Lady Anna se batía a duelo de espadas con Lady Emilie y Lady Michelle.

- Louise, se supone que soy Julieta – dijo ella mientras chocaba lo que usaban para mover el fuego de la chimenea con un arma similar de Michelle –

- ¡Pero nos faltó Benvolio! – dijo Michelle

- Esta bien – dijo Anna - Lo que hago es apaciguar; torna tu espada a la vaina, o sírvete de ella para ayudarme a separar a esta gente.

- ¡Qué! ¡Desnudo el acero y hablas de paz! Odio esa palabra como odio al infierno, a todos los Montesco y a ti? Defiéndete, cobarde! – dijo Emilie y las tres peleaban
 

- ¡El príncipe ha llegado! – dijo Marianne con voz grave – y deja una advertencia a todos aquellos que vuelvan a pelear en las calles. –

Entonces, Emilie y Michelle, salieron y Anna se quedo, mientras Marianne entraba.

- ¿Qué es lo que hacen? – dijo curioso Richard observándolas

- Romeo y Julieta…- dijo sonriendo Stewart

Las chicas desarrollaban algunas escenas al azar, donde terminaron cambiando de personajes pero no dejaban a Anna abandonar su papel de Julieta, y los Lords y Sir las miraban muy felices, Sir Paul se preguntaba donde estaría la hermana menor. Era muy probable que ella no quisiera seguir las ideas de sus hermanas, y por lo mismo el se imaginaba que ella, no habría ido.

En ese mismo momento la madre, que había olvidado un documento entró a la casa y vio a Sunny.

- ¿Susan? – dijo confundida – Creí que fueron a comprar listones –

- Si…- dijo ella

- ¿Y las demás? – dijo su madre buscando indicios de sus hermanas, pero no encontraba.

- Bueno, estábamos comprando listones y…- dijo Sunny mirando el suelo

- ¿Dónde están Susan? – dijo de una forma molesta y alzando la voz

- En la vieja casa de los rosales…- dijo ella asustada

- ¡Julieta! - decía Michelle

- ¡Ya voy haya! – dijo Anna mirando hacia atrás - Dulce Montesco, sé fiel. Aguarda un minuto más, voy a volver. –

- ¡Oh, dichosa, dichosa noche! Como es de noche temo que todo esto sea un sino un sueño: dulce, halagador a lo sumo para ser real…- dijo Marianne, pero entonces se escucharon golpes en la puerta. Ellas, rápidamente pusieron algunas cosas en su lugar y guardaron las cosas en un saco que se puso Anna atrás.

Sabía que algo así pasaría…esto no esta bien, podían ser ellos, ¿Y que diríamos? Subimos rápidamente las escaleras, y casi me voy hacia atrás cuando vi a Lord John sonriéndome socarronamente.



- Son ustedes muy interesantes, Lady Victoria…-



La puerta volvió a sonar y Lord Richard fue a abrirle a la sorprendida Condesa de Wilton.



- Mi Lady, - dijo haciendo una reverencia –

- Mostrábamos a sus hijas la casa – dijo Lord Stewart

- Ellas dijeron que no vendrían sin usted – dijo John mirándome, en realidad no podía creer que estuvieran diciendo eso – pero, nosotros insistimos demasiado – En eso, Sunny se asomó por la puerta y Paul la miró con una sonrisa, por lo que ella, sonrió, se sonrojo y miro hacia abajo.


Mi madre, quien estaba aliviada, feliz y abrumada, no supo que decir.

- Y queríamos invitarlos mañana – dijo Paul aún sosteniendo su mirada en Sunny, lo que molestó a Marianne – a toda la familia, a una cena. Mi tío y mi abuelo vendrán a Meryton, y quisiéramos que estuvieran presentes. –

- Por supuesto Sir – dijo mi madre que, casi explota de la felicidad – bueno hijas, debemos irnos – dijo mi madre, convencida de que todas tendríamos un matrimonio muy bueno. – caballeros – dijo inclinándose.

- Me debe un favor, Victoria – dijo Lennon quedamente –

- Hasta luego mi Lord – dije intentando que mi enojo no se expresara en palabras.

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(Entra Anna con palomitas)
 Anna: Marianne...¡Apurate! 
(Entra Marianne con te helado en 2 vasos)
Marianne: ¡Ya voy! 
Anna: ¡Hola gente! 
Marianne: ¡Hola!
Anna: Hoy veremos un filme...
Marianne: Oh, Romeo...Romeo...
(Entran John y Stewart)
John: ¿Que es eso mi Lady? (dice señalando las palomitas)
Stuart: ¿Porque estan vestidas asi? 
Marianne: ¿Porque no se pierde por ahi mi Lord....?
Anna: ¡Marianne!
Stuart: No importa, un dia aceptara que me ama
Anna: jajaja, y yo amo a John
John: ¡Lo dijo! ¡Lo dijo!
Anna : ¿eh?
(John tira las palomitas que ella tiene en su mano y comienza a perseguirla...)
Marianne: Anna...¡Quiero ver a Leo!
Stuart: Yo lo veo con usted...
Marianne: Bueno, ayudeme con el te (dice dandole los vasos y ambos salen del blog)